martes, 27 de marzo de 2012

La Biblia y la Semana Santa

Cuando Pablo quiere resumir todos los compromisos, sacrificios y bondades de Jesús dice simplemente “sed imitadores de Cristo”. Esta idea puede sugerir puntos de vista para discutir sobre la relación de Jesús con las fiestas religiosas de su día.
Jesús, según los sinópticos, viajó una sola vez a Jerusalén para estar presente en la fiesta de la pascua (Mt. 26; Mr. 14 y Lc. 22) colocando el énfasis en el significado teológico de su muerte en cumplimiento a las Escrituras del Antiguo Testamento. Lucas 9:51 declara que “Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén”, con el resultado que los lectores del Evangelio conocemos.

Juan en cambio presenta tres fiestas de la pascua (Jn. 2:13-17; 6:4 y 11:55) las tres tienen relación al argumento del libro si bien Jesús parece ir a Jerusalén solo en la primera y la tercera (bajo la primera pascua se menciona el vino y el templo; hay un discurso del templo y saca a los cambistas; se haya en compañía de los doce; en la segunda pascua se menciona su sangre y su carne; hay un discurso en la sinagoga (6:59) y los discípulos curiosos se alejan mientras él está acompañado de los doce; en la tercera visita no hay eucaristía sino el ofrecimiento literal de su carne y de su sangre, hay un discurso en el aposente alto y Judas le traiciona si bien el está acompañado de los once).
Jesús no recomendó explícitamente la celebración de la pascua o de fiesta judía alguna pero los apóstoles entendieron que sus reuniones eran una jubilosa celebración constante cuyo centro era la cena del Señor como resumen de todo lo acontecido a Jesús (pasión muerte y resurrección) en cumplimiento de las Escrituras (Hch. 2:42; 1 Co. 11:26; 15:3-8).
El calendario religioso de hoy nos presenta oportunidades para pensar de manera más profunda nuestra fe. Algunos aprovechan esta fecha concienzudamente reconociendo su deuda ante Dios. Otros, toman ocasión de ello de forma proporcional a la indiferencia a Dios que tienen en la vida diaria; si la persona no ha alineado su vida (metanoia o conversión) al paradigma de vida de Jesús, se le ocurre más urgente aprovechar la sazón del año para el paroxismo religioso; aun otros simplemente ignoran las fechas lo cual es en todo caso más consecuente.
Esto nos plantea tres actitudes, la del religioso ocasional, la del hombre de fe y la del ateo práctico. Nadie puede señalar a otro y clasificarlo en categoría alguna. Esto es algo que queda para el fuero interno ya que solo Dios puede, por decirlo así “sacar o poner gente en el cielo”.  Los demás debemos estar ocupados por los frutos que mostramos ya que el único signo que Jesús mismo sugirió fue “por sus frutos los conoceréis”, en el contexto del Sermón de Monte, del amor a Dios y al prójimo y del reino de Dios y su justicia (Mt. 5:18 cp. 6:33).
Quienes durante las celebraciones de Semana Santa participan activamente en los servicios religiosos no siempre lo hacen como señal de conversión, de comunión con Dios y de amor a él. Algunos lo hacen, sin articularlo así, con el propósito de vivir según el delicado equilibrio: “el que peca y reza empata”. En este caso no es la informalidad o asimetría de las “travesuras humanas” lo que hace pagana a esta expresión sino su total ignorancia o irreverencia a la persona de Dios, su santidad, sus demandas y su justicia ampliamente explicadas en la revelación.
Por tanto, la mejor forma de vivir los días de la semana santa es “siendo imitadores de Cristo”.  La metanoia o cambio de vida como el paradigma de Jesús para sus discípulos consiste en hacer discípulos que son como él (Mt.  28:18-20), que guardan todas las cosas que él nos ha mandado.

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