sábado, 13 de diciembre de 2014

"Historia de las principales religiones: Iglesia protestante y evangélica"

G.W. Méndez 

Conferencia Salvador Aguado. Universidad Francisco Marroquin 

http://newmedia.ufm.edu/gsm/index.php?title=Mendezprotestanteevangelica

sábado, 16 de agosto de 2014

La Biblia: ¿Mitos y leyendas?

“La Biblia no es más que mitos y leyendas” dicen algunos amigos. Por supuesto, viven muy a prisa como para esperar una respuesta a esa afirmación. Se quejan de la muerte de Dios y de los valores en la sociedad contemporánea pero no quieren escuchar cómo, anterior a la duda sobre Dios, cayó la bibliología despedazada por Spinoza, Jean Astruc y Julius Whellhausen. Convertida en libro de retazos, la postura ideológica de sus descuartizadores es desacreditarla “cuando contradiga lo que yo creo.”
¿Qué hacemos con el hecho de que el mundo en el cual vivimos, su geografía e historia son virtualmente los mismos que se describen en la Biblia con sus regiones, ríos, montes y ciudades? ¿Es la ausencia de fechas en Génesis 1 al 11 algo que debe molestarnos? Siempre se ha dicho que las eras geológicas y los periodos largos de una tierra con apariencia de edad al menos pueden caber en esta parte cuya duración ignoramos. De modo que la historicidad de la Biblia no está emparentada con las fechas de la creación sugeridas por el obispo Usher.  La historia de la Biblia es historia sagrada, es teológica y no cronológica a pesar de su insistencia en reyes, faraones imperios, guerras, fechas y regiones.
Claro, en los años 1800 se decía que Ur la ciudad de Abraham no existió, hasta que las excavaciones de Leonard Woolley entre 1922-34 descubrieron el inmenso zigurat de la inconfundible Ur. El nombre de “Abram” aparece en registros mesopotámicos indicando que era un nombre común. Las ciudadanías mencionadas en Génesis concuerdan con los pueblos de la época. Otras características como tratados, precios de esclavos y rasgos del Cercano Oriente concuerdan con la geografía e historia bíblicas de la época patriarcal.
La ruta comercial que a lo largo de la creciente fértil concuerda con los movimientos de las épocas patriarcales. Los lugares descritos en el registro bíblico de la ruta de Abraham incluyen Haram, Anatolia, recientemente descubierta y excavada, hacia Siria, hasta llegar a Canaán y coinciden con la geografía de hoy. El estilo de vida nómada, los rebaños y costumbres de la vida de los patriarcas era la característica de los siglos dieciocho y diecinueve A. C.  El nombre de Moisés es egipcio y puesto por la hija de faraón, con las radicales que aparecen también en Ra-Meses y Thut-Moses. Además, los nombres, fiestas, comidas, lugares y deidades mencionadas en esa época son familiares a las culturas hebrea y egipcia.
Podríamos continuar con el Éxodo, David (rey aludido en inscripción descubierta en 1993 por el arqueólogo Abraham Biran) y Salomón hasta los reyes de Israel, pero es un suplicio para el cual la ideología que menoscaba el texto bíblico no tiene tiempo ni está preparada. Es más fácil confesar “yo creo en la tradición que modifica, interpreta y califica a la Escritura.” 
Tiene mucho en contra quien dice “yo no creo en la sola escritura.” ¿De dónde saca el creyente la autoridad para creer en la revelación si el testimonio que de ella tenemos en las Escrituras es anulado?  ¿Qué sucede si le aplicamos el teorema regresivo a la tradición? Si volvemos sobre ella hacia ayer, hacia el día anterior, y sucesivamente hasta el primer día ¿qué encontramos? Nuestro propio rostro. ¿De donde obtiene la tradición su carácter revelado, su naturaleza inspirada y por supuesto su autoridad misma? Solo queda decir que el tiempo es lo que le otorga rasgos de misterio a la tradición. El paso del tiempo no convierte el rito o la idea humana en divinos, de modo que o encontramos su autoridad en la Palabra de Dios o estamos frente a nuestro propio rostro.
No importa aclarar que en la Biblia la interpretación es literaria, que las figuras del lenguaje se interpretan como tales, que el orígen de los oficios, del trabajo, de la sociedad, el intercambio, la moneda, de la familia, del cultivo de la tierra, de la literatura, del registro genealógico e histórico, aparecen ya en las primeras páginas del Génesis. De nada sirve, si la postura ideológica dice: solo son mitos y leyendas. Con ese artefacto ideológico se serrucha la rama misma en donde está sentado quien hace tal afirmación. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Principio y fin de la teología

         Las primeras letras de la Biblia hebrea son “En el principio Creo Dios.”[1]  Tres palabras en el original. La última sección del último libro de la Biblia hebrea, 2 Crónicas 36, terminan con “el primer año de Ciro Rey de los persas…”
         ¿Qué significado tiene eso? Que el Dios que empieza como rey soberano disponiendo del proceso creativo, derrotando a las fuerzas de lo inanimado, ahora debe mencionar a otro rey, Ciro, bajo cuya autoridad se encuentra toda la tierra y en especial el pueblo de Dios.
         Pero lo paradójico es que a diferencia del primer hombre y de la primera mujer, este rey pagano reconoce que “Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra. [2] Un eco lejano de "He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer."[3] Ciro tiene una perspectiva teológica del poder, por ello, alienta al pueblo a volver del exilio, autoriza a lo que queda de Israel a construir el templo.
         Al hablar de teología uno no puede sino imitar a Ciro. Reconocer que así como lo de Ciro era el poder y, según él, Dios se lo había dado, para el teólogo, lo suyo es conocer a Dios, y no se puede menos que reconocer que de Dios hemos recibido todo.
         Al empezar a hablar de teología toma sentido la soberanía de Dios, su gracia, su obra de amor en la creación, su paciencia y su obra total a favor del hombre. El hombre aporta su rebelión, su desobediencia, su radical finitud y su permanente traición, Dios aporta el perdón.




[1] Gn. 1:1
[2] 2 Cron. 36  
[3] Gn.1:29

sábado, 2 de noviembre de 2013

“Doña Beatriz,” 1932-2013

Fundadora del Instituto Evangélico América Latina, Anita Beatriz Espinoza Treviño de Zapata, falleció hoy, sábado 2 de noviembre, por la tarde, según lo anunció la página de Facebook de esa entidad https://www.facebook.com/alatina.org?fref=ts. Resumimos su vida en una frase: miles de estudiantes lloraron y rieron con ella. Desde infantes salidos de los brazos de su madre hasta chicos que se creyeron adultos, no teniendo más de 15 años. Nos referimos a generación tras generación, que le amó, le admiró y se llevó de ella los más hermosos recuerdos. Mexicana por nacimiento y guatemalteca por elección, doña Beatriz entregó a la juventud una forma de motivación respetuosa y amigable sirviendo a los guatemaltecos por  más de 50 años.
Su filosofía era querer a los jóvenes y señoritas, motivarlos, haciendo de sus pequeños logros una fiesta de reconocimientos, de diplomas y medallas, dándoles el estímulo que ni en su casa recibían. Una estrategia fantástica de motivación y construcción del auto estima, tan dañada entre los pobres de Guatemala a quienes sirvió. Por supuesto, vano sería describir una vida tan hermosa aparte de lo que le dio valor. Hija de ministros evangélicos, aprendió de joven todo lo que esta en juego en el servicio cristiano. Amó a Dios profundamente y modeló la compasión de Jesús en el trato amoroso a la juventud a la que evangelizó y enseñó la Biblia con su ejemplo. Una misionera en todo el sentido del término.
La Iglesia evangélica recibió en los años 50s a una joven cantante y educadora cristiana que acompañaba a su esposo en la tarea de fundar un colegio evangélico en 1954. Una dama elegante y bella, de mirada expresiva que igual servía a Dios con su dulce voz, o tocando el piano, o bien organizando graduaciones y retiros estudiantiles. Deslumbrante persona, con dones y habilidades extraordinarios, oradora fantástica y fina diplomacia, cuya única visión era servir a su señor. Su entrega a la Iglesia de Guatemala fue una entrega a los pobres del país quienes, en algunos casos, no le comprendieron, cosa natural a la condición humana.
Doña Beatriz, era una mujer segura de si misma, asertiva, características basadas en su fe y con un sentido del humor digno de aprender a reír con ella. Sus dichos y apodos pegaban entre los jóvenes, sus cantos y juegos educaron a varias generaciones. Mujer trabajadora, de largas jornadas, para hacer con sus propios recursos tareas muy grandes, fueran secretariales o de organización. El espíritu que formó el IEAL y quedó rondando en campamentos y aulas, lo forjó con sus consejos sabios y su estilo casual ésta amorosa madre de varias generaciones. Su trato con los ex alumnos fue igual, amigable y respetuoso, pero continuó aconsejándoles sobre cómo ser mejores profesionales y personas. En 1998 escribió el libro “Mamá por etapas,” una obra orientadora basada en vivencias y principios bíblicos, traducida luego al inglés.   
Recibió en su casa a jóvenes del interior del país que necesitaban una oportunidad. Fue hospedadora abriendo las puertas de su hogar a extranjeros y nacionales, especialmente, a siervos y siervas de Dios que necesitaron un lugar para reposar, aun cuando fuera por unas horas. Su mesa siempre fue pletórica, generosa para jóvenes hambrientos de afecto tanto como de alimentos.

Cuántos desvelos, cuántos mensajes, cuántas oraciones, cuántas lágrimas, cuántas clases, cuántos viajes a Monte Sión, cuántas caravanas, nada de lo dicho aquí puede ni siquiera sugerir su hermosa labor.  Sus hijos y nietos son un colash de sus mejores cualidades, que aquí no pretendemos agotar. Activa siempre, pensando en todo, orando sin cesar, pero cansada por una vida larga de servicio, en los últimos años se había recluido para afrontar la vejez con la dulzura que ejemplificó siempre. Dios ha multiplicado ya  entre sus muchas generaciones de hijos, otros que sirven como ella. Creo unirme a un gran coro de pensamientos y corazones al decir, humildemente, ¡Gracias doña Beatriz!  Amén.

jueves, 31 de octubre de 2013

Martin Luther: Undoing a Path of One Thousand Years

Augustinian monk son of the Renaissance, Martin Luther (1483-1546), was born in times of fear. Men feared an angry God, witches and spirits as well as Turks. In his monastic life Luther turned to the study of Greek and Hebrew languages, which monasteries had kept for centuries, and by the age of twenty five he was a professor of theology in Wittenberg, although his doctorate was completed until 1512 at age 29. In this process Luther learned to doubt all thinkers (Jodocus Trutfetter) and came to the conclusion that faith and not reason was the only path to know God (W. of Okham). 
The terror of God Luther resolved it through a very long and existential process, by stressing the love of God which he called grace using pauline language. A loving God had declared the believer righteous so there was no reason to fear him anymore. This turned an angry deity into a gracious God who accepts man on the basis of the death of Christ by declaring man justified. 
Luther also reflected that the Church could not have created a path to know God. Tradition was after all not a divine gift but a human development which yesterday was as human as the day before yesterday, so if one goes back to its earliest origin one does not find but the face of man himself rather than God’s.  So to know God he, graciously, has to make himself known through his Word in the Scriptures. There is not other source of divine revelation but Scriptures.
So Luther denied that the scholastic bridge between heaven and earth was a God given tool. Analogy as the connection between what is human and that what is divine is an arrogant move on the part of theologians. It is a product of the “whore reason” and comes short to putting God in ones pocket. It can be predicated only on the basis of destroying Gods glory, his majesty and divine order. Gott ist der ganz Andere!  In Old Testament tradition God was totally other and Luther believed that to be the core of who God is. The world of witches and spirits was nothing and certainly not a source of fear.
 In his search for that which is truly biblical Luther discarded five of the sacraments and reinterpreted the other two. He denounced the purgatory as unbiblical and used against the Pope a very effective ad-hominem. First there are not biblical basis for substituting repentance and penance as the only way to appease God, so taking money instead of contrition was another deformation without biblical support. If the pope claims to have power over the purgatory why does he have to ask for money in order to use it. Why does he not, as an act of compassion, empty the purgatory once and for all?    
 Luther by recovering the Bible and its themes as creation, the fall, the incarnation, and so forth, had helped to bring back history into theology. The scholastic approach had exhausted itself and delivered all that it had. Reason had devised formulas to explain things, usually going around, behind and above history to satisfy human reason but without meeting history itself in a personal way. The incomprehensive encounter between eternity and time, spirit and matter, infinite and finitude postulated by some scholastic rationalists had finally met in the person of Jesus Christ, the point in which God meets man. This was made possible in new way when Martin Luther rejected the abstract notions and categories of scholastics.
Nature and supernatural are connected but not by reason for that leads only to the vanity of man search for himself. They are connected by God, in the person of Christ who reveals God through the veil of his flesh, Deus absconditus, who in Christ becomes Deus revelatus, God revealed in mystery, is through Christ  the way par excellence to know something true about God, his glory and his majesty.  

jueves, 12 de septiembre de 2013

Que pasó con la analogía ¿del ser?

Muchos conocen el episodio según el cual K. Barth había dicho que la razón por la que no podía ser católico es por el concepto de analogía del ser que trata de "embolsarse" a Dios.  Es decir, hace a Dios una extensión del concepto "ser" y en tanto que comparable a todo aquello que es, Dios puede ser cognoscible, "el ser en cuanto a ser," aparte de la revelación especial. En efecto, la filosofía tomista de Karol Wojtyla retoma la analogía del ser como parte del personalismo filosófico. Es a ésta analogía del ser, atrevida y arrogante, sugerida en el Concilio Vaticano I, a la que Barth se refería como lo que no le permitía ser católico, hasta que la discusión con su amigo y cuasi discípulo, el jesuita Hans Urs von Balthasar, también suizo, respondió y replanteó la queja de Barth sobre la analogía.
Han Küng admirador crítico de Barth dice que éste no volvió a tocar más el tema y que como hacen los papas, sin dar las explicaciones necesarias simplemente abandonó el tema y no volvió a afirmar su problema con la “analogia entis.” ¿Qué hizo von Balthasar para disuadir a Barth? Veamos.
Parte del disuasivo Balthasariano es lo que Barth mismo contribuyó a Balthasar que en las palabras del jesuita incluye: ‘It is almost unnecessary to set out how much I owe to Karl Barth: the vision of a comprehensive biblical theology, combined with the urgent invitation to engage in a dogmatically serious ecumenical dialogue, without which the entire movement would lack foundation.’ De esa visión beberá von Balthasar para decir que ‘¿acaso no podemos permitir que nuestra respuesta humana, en toda su creatividad divinamente inspirada refleje de vuelta a Dios esa gloria que Dios ha compartido con nosotros?’  Esta mimetización del razonamiento teológico barthiano es a mi juicio parte de la grandeza que hoy se reconoce en Balthasar.
Pero la respuesta a la analogía entis que incluye el silencio de Barth quizá en ningún lado queda mejor planteado que en estas palabras de Balthasar: ‘Anselmo está en el kairos, porque la revelación bíblica puede ser entendida simplemente como la consumación trascendente de la filosofía antigua, la cual nunca fue filosofía en el sentido moderno sino fue en su preocupación fundamental teología: discurso acerca de Dios, acerca de lo eterno, acerca del ser, de aquel que es.’
Así de manera brillante, viendo el bosque y no los árboles, Balthasar tiene a Barth contra la pared. Seguir esgrimiendo la parte ontológica en oposición a la analogía (entis) es negar la posibilidad de que la gloria de Dios se refleje desde nosotros, desde la Iglesia. Por otro lado, aceptar la analogía como algo epistemológico  le lleva a cometer un terrible error de categoría ¡la filosofía es realmente teología! hermosamente disfrazada en las palabras de von Balthasar a la vez que acepta el gran servicio que Balthasar le ofrece a la teología ¡convertir toda la historia de la filosofía en una búsqueda cristiana! Esa es una oferta difícil de rechazar. 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Distinciones y debates teológicos

La importancia de las distinciones teológicas es una de las razones de la teología. Parece sinónimo de la importancia de la definición, pero postmodernamente, la definición disgusta a muchos porque traza limites a gentes resueltas a no reconocerlos. Es lo que distingue al libre pensador del filósofo. El libre pensador es uno que discurre alegremente por la vida sin importarle mucho posiciones, puntos de mira o referencias más allá de las existenciales. Es un afirmar existencial que tiene de peso los treinta segundos que me tomo formular mi declaración.
Eso es lo opuesto a la teología que te pide responsabilidad en lo que dices, alegría si, para buscar la verdad pero mucha ponderación porque tus palabras son parte de un discurso de siglos. Prácticamente son parte de una cátedra que no empezó con tu llegada al mundo teológico sino muchos siglos atrás. Teología es entonces libertad pero del Espíritu más que libertad de disentir con el parlamento anterior.  
El disenso es un disenso calificado por la doctrina, la hermenéutica y la palabra. Mientras que la libertad de expresión es el tesoro más valioso para el libre pensador, la libertad interior y de conciencia se considera superior y anterior a la libertad de expresión. Esa libertad es la que mana del Espíritu y se traduce a doctrina y debate.
El debate entonces no es tesis, antítesis y síntesis. No es sic et nonc.  Es el silbo apacible en el cual se encuentra la presencia del Señor.  El debate es primero un debate consigo mismo y solo entonces un debate con mi hermano. Porque la idea al debatir no es censurar la palabra sino encontrar la palabra, o mejor aun dejarme encontrar por la palabra.  Sin esa actitud que nace también del Espíritu el debate no solo carece de legitimidad, es que aun mas, carece también de valor.