jueves, 12 de septiembre de 2013

Que pasó con la analogía ¿del ser?

Muchos conocen el episodio según el cual K. Barth había dicho que la razón por la que no podía ser católico es por el concepto de analogía del ser que trata de "embolsarse" a Dios.  Es decir, hace a Dios una extensión del concepto "ser" y en tanto que comparable a todo aquello que es, Dios puede ser cognoscible, "el ser en cuanto a ser," aparte de la revelación especial. En efecto, la filosofía tomista de Karol Wojtyla retoma la analogía del ser como parte del personalismo filosófico. Es a ésta analogía del ser, atrevida y arrogante, sugerida en el Concilio Vaticano I, a la que Barth se refería como lo que no le permitía ser católico, hasta que la discusión con su amigo y cuasi discípulo, el jesuita Hans Urs von Balthasar, también suizo, respondió y replanteó la queja de Barth sobre la analogía.
Han Küng admirador crítico de Barth dice que éste no volvió a tocar más el tema y que como hacen los papas, sin dar las explicaciones necesarias simplemente abandonó el tema y no volvió a afirmar su problema con la “analogia entis.” ¿Qué hizo von Balthasar para disuadir a Barth? Veamos.
Parte del disuasivo Balthasariano es lo que Barth mismo contribuyó a Balthasar que en las palabras del jesuita incluye: ‘It is almost unnecessary to set out how much I owe to Karl Barth: the vision of a comprehensive biblical theology, combined with the urgent invitation to engage in a dogmatically serious ecumenical dialogue, without which the entire movement would lack foundation.’ De esa visión beberá von Balthasar para decir que ‘¿acaso no podemos permitir que nuestra respuesta humana, en toda su creatividad divinamente inspirada refleje de vuelta a Dios esa gloria que Dios ha compartido con nosotros?’  Esta mimetización del razonamiento teológico barthiano es a mi juicio parte de la grandeza que hoy se reconoce en Balthasar.
Pero la respuesta a la analogía entis que incluye el silencio de Barth quizá en ningún lado queda mejor planteado que en estas palabras de Balthasar: ‘Anselmo está en el kairos, porque la revelación bíblica puede ser entendida simplemente como la consumación trascendente de la filosofía antigua, la cual nunca fue filosofía en el sentido moderno sino fue en su preocupación fundamental teología: discurso acerca de Dios, acerca de lo eterno, acerca del ser, de aquel que es.’
Así de manera brillante, viendo el bosque y no los árboles, Balthasar tiene a Barth contra la pared. Seguir esgrimiendo la parte ontológica en oposición a la analogía (entis) es negar la posibilidad de que la gloria de Dios se refleje desde nosotros, desde la Iglesia. Por otro lado, aceptar la analogía como algo epistemológico  le lleva a cometer un terrible error de categoría ¡la filosofía es realmente teología! hermosamente disfrazada en las palabras de von Balthasar a la vez que acepta el gran servicio que Balthasar le ofrece a la teología ¡convertir toda la historia de la filosofía en una búsqueda cristiana! Esa es una oferta difícil de rechazar. 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Distinciones y debates teológicos

La importancia de las distinciones teológicas es una de las razones de la teología. Parece sinónimo de la importancia de la definición, pero postmodernamente, la definición disgusta a muchos porque traza limites a gentes resueltas a no reconocerlos. Es lo que distingue al libre pensador del filósofo. El libre pensador es uno que discurre alegremente por la vida sin importarle mucho posiciones, puntos de mira o referencias más allá de las existenciales. Es un afirmar existencial que tiene de peso los treinta segundos que me tomo formular mi declaración.
Eso es lo opuesto a la teología que te pide responsabilidad en lo que dices, alegría si, para buscar la verdad pero mucha ponderación porque tus palabras son parte de un discurso de siglos. Prácticamente son parte de una cátedra que no empezó con tu llegada al mundo teológico sino muchos siglos atrás. Teología es entonces libertad pero del Espíritu más que libertad de disentir con el parlamento anterior.  
El disenso es un disenso calificado por la doctrina, la hermenéutica y la palabra. Mientras que la libertad de expresión es el tesoro más valioso para el libre pensador, la libertad interior y de conciencia se considera superior y anterior a la libertad de expresión. Esa libertad es la que mana del Espíritu y se traduce a doctrina y debate.
El debate entonces no es tesis, antítesis y síntesis. No es sic et nonc.  Es el silbo apacible en el cual se encuentra la presencia del Señor.  El debate es primero un debate consigo mismo y solo entonces un debate con mi hermano. Porque la idea al debatir no es censurar la palabra sino encontrar la palabra, o mejor aun dejarme encontrar por la palabra.  Sin esa actitud que nace también del Espíritu el debate no solo carece de legitimidad, es que aun mas, carece también de valor.