domingo, 10 de julio de 2011

La Biblia y la muerte de Facundo Cabral en Guatemala

"Facundo vivió como hijo del mundo y murió como guatemalteco", dijo un amigo en Facebook. Guatemala es ciertamente un lugar peligroso. Las tesis se desbordan, que si el empresario, que si los políticos, que si la seguridad… hay en Guatemala un espíritu necrófilo. Pero eso no empezó ayer. Lo hemos cultivado por sesenta años, y seguimos, oyendo desde el aula universitaria que “la ética es una idea burguesa” y que “la religión y la moral son un sub producto de la ideología”.
Hemos visto para el otro lado cuando oímos que “el fin justifica los medios” y que con tal de terminar con los ricos, “los mártires que nos fabriquemos son enteramente válidos”. Hemos hecho oídos sordos cuando se dice que “las razones o causas políticas justifican las medidas de hecho”. Nos hemos hecho los tontos, cuando oímos que “no hay valores absolutos”. En fin, vivir entre mentiras, relativismo moral, simulación de afectos e indiferencia jurídica, tiene un precio: cosechar la fruta amarga de la muerte.
Henri de Lubac, el teólogo francés y uno de los representantes de la Nouvelle Théologie, lo dijo, elocuentemente, a finales del siglo XX: “cuando el hombre mata a Dios, terminan matando al ser humano”. Las dos guerras mundiales y las revueltas e insurrecciones regionales del mundo le daban la razón a de Lubac. En Guatemala dijimos que “Dios era producto de la supra estructura ideológica” y lo dijimos en tono doctoral o con el latiguillo discursivo de la política para sonar más interesantes.
Las malas ideas han producido malas leyes, es decir, aquellas que no protegen al ser humano, su vida, su propiedad y su libertad. Son malas además porque se entremeten, más de la cuenta, en la vida de los ciudadanos convirtiendo en político (o público) aquello que no lo es (comprar, vender, contratar, etc.), justificando a los ciudadanos que le juegan la vuelta a la ley, produciendo insensibilidad jurídica; es decir, son malas porque elevan irracionalmente los costos de transacción, seduciendo a su desobediencia. Finalmente, resultan pésimas porque producen privilegios, a unos porque tienen poder económico, a otros porque tienen poder político y a otros porque no tienen ni lo uno ni lo otro. Cuando “todos tienen privilegios”, “ninguno tiene derechos ciudadanos firmes” y eso destroza la republica.
Habacuc ve que la invasión de los caldeos viene sobre Judá porque: “Destrucción y violencia están delante de mi, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia” (Hab. 1:3-4). La verdadera espiritualidad es preocuparse no solo por Dios, sino también por el ser humano, resumen de toda la ley. En nuestro medio no necesitamos que venga la destrucción de los caldeos para que se sienta el juicio de Dios sobre una nación. Es suficiente un mal gobierno para tener a toda la población de rodillas.  
Los doscientos años de fracaso de vida republicana se basan en las malas leyes que no protegen a la persona. Por eso la muerte, la pobreza y el subdesarrollo son el resultado del mal gobernante que se opone a la reforma del Estado y nos deja en el desamparo sufriendo la crudeza de su fracaso político. Cada asalto, cada muerto, cada robo, cada joven sin hogar, sin empleo y dispuesto a servir a las peores causas, es una muestra de cómo el Estado y la Iglesia le han fallado a los guatemaltecos.
La muerte de Facundo, de un hombre de una fe profunda y de ideas muy claras, tan horrible y trágica como es, es resultado de la popularidad de las malas ideas y malas leyes en Guatemala. Ideas que los guatemaltecos repetimos y seguimos, sin analizar su parte en la tragedia que vivimos. La fe de seis millones de protestantes es impotente, socialmente, casi anodina, frente a la cultura que nos inmoviliza con sus malas ideas y malas leyes.  ¿Será que doscientos años de fracaso no son suficiente evidencia de que urge reformar el sistema y oponernos a las malas leyes y malas ideas que nos tienen cautivos?
¿Por donde empezar? Predicando la creación y caída como ámbitos de la espiritualidad; el elección de Abraham como el origen del plan de redención de donde viene Jesús. El Éxodo y la ley como la base ética del pueblo y la promesa de su presencia entre su pueblo. El juicio y la bendición que nos imponen definirnos, qué vamos a hacer hoy, ¿obedecer o fracasar? Los profetas con su mensaje realista no a las idolatrías, si a la justicia y a la misericordia: “arrepentíos”. La monarquía que ratifica que Dios reina y el hombre que lo hace mal, pone de rodillas al pueblo como sucedió tantas veces en Israel. Este mensaje evitará que nuestros hijos se hagan clientes del sistema penitenciario y producirá en el país ideas claras para pedir la reforma de las instituciones por medios jurídicos y por medios políticos.
Estas son las lapidarias palabras del ciudadano del mundo que se nos hizo solidario en su muerte: “La sociedad humana está tan mal, por las fechorías de los malos y el silencio de los buenos” (FC). Adiós Facundo, desde tu Chichicastenango, tu Tikal, tus lagos y volcanes. Desde todos los corazones que disfrutamos tu música, salpicados de amor con cada lagrima que hoy se derrama por vos.

4 comentarios:

  1. Gracias Guillermo por poner Luz sobre tanta oscuridad, con tu analisis profundo ensamblado con la espiritualidad y tu narracion brillante nos posibilitan ver las causas y consecuencias de la ausencia de los valores mas profundos a los cuales tenemos que priorizar, cultivar y respetar para poder intentar tener un mundo mejor, tarea que nos compete a todos por igual. Gracias y que Dios te bendiga!!

    ResponderEliminar
  2. Anita, es de personas muy sensibles e inteligentes anotar comentarios. Gracias por tus palabras y celebro la claridad con que capturaste todo el mensaje en unas pocas líneas. Gracias. Un fuerte abrazo. El guille.

    ResponderEliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  4. No conocí a Facundo en persona, siempre tuve la intención, desde muy joven, de asistir a uno de sus maravillosos conciertos, nunca pude. Pero lo conocí a través de su música, de su filosofía de vida y de su predica no alineada a los conceptos más ortodoxos. Pero Facundo fue mi amigo, en momentos de inspiración o sencillamente cuando quise vivir un poco la nostalgia y la esperanza que venía no de un pulpito sino más bien de un hombre común pero sensible. Y la iglesia que debería de ser la vos que clama en el desierto no dice nada, quizá porque creyeron que no era de los suyos y no terminan de entender que todo hombre es imagen de Dios. Adiós Facundo, ojala sigas cantando.

    ResponderEliminar