Guillermo W. Méndez (1955- ). Teólogo guatemalteco. Estudió en Guatemala y Estados Unidos. Maestría en Teología, Seminario Teológico de Dallas, 1982; Maestría en Ciencias Sociales UFM, 1994. Suma Cum Laude. Diploma de excelencia docente, Facultad de Ciencias Económicas, URL, 1995. Ha investigado sobre Derecho, Economía y Política. Autor de "Una vida con responsabilidad",(2005).
sábado, 13 de diciembre de 2014
sábado, 16 de agosto de 2014
La Biblia: ¿Mitos y leyendas?
“La Biblia no es más que mitos y
leyendas” dicen algunos amigos. Por supuesto, viven muy a prisa como para
esperar una respuesta a esa afirmación. Se quejan de la muerte de Dios y de los
valores en la sociedad contemporánea pero no quieren escuchar cómo, anterior a
la duda sobre Dios, cayó la bibliología despedazada por Spinoza, Jean Astruc y
Julius Whellhausen. Convertida en libro de retazos, la postura ideológica de
sus descuartizadores es desacreditarla “cuando contradiga lo que yo creo.”
¿Qué hacemos con el hecho de que
el mundo en el cual vivimos, su geografía e historia son virtualmente los mismos
que se describen en la Biblia con sus regiones, ríos, montes y ciudades? ¿Es la
ausencia de fechas en Génesis 1 al 11 algo que debe molestarnos? Siempre se ha
dicho que las eras geológicas y los periodos largos de una tierra con
apariencia de edad al menos pueden caber en esta parte cuya duración ignoramos.
De modo que la historicidad de la Biblia no está emparentada con las fechas de
la creación sugeridas por el obispo Usher.
La historia de la Biblia es historia sagrada, es teológica y no
cronológica a pesar de su insistencia en reyes, faraones imperios, guerras,
fechas y regiones.
Claro, en los años 1800 se decía
que Ur la ciudad de Abraham no existió, hasta que las excavaciones de Leonard
Woolley entre 1922-34 descubrieron el inmenso zigurat de la inconfundible Ur.
El nombre de “Abram” aparece en registros mesopotámicos indicando que era un
nombre común. Las ciudadanías mencionadas en Génesis concuerdan con los pueblos
de la época. Otras características como tratados, precios de esclavos y rasgos
del Cercano Oriente concuerdan con la geografía e historia bíblicas de la
época patriarcal.
La ruta comercial que a lo largo de la creciente fértil concuerda con los movimientos de las épocas patriarcales.
Los lugares descritos en el registro bíblico de la ruta de Abraham incluyen
Haram, Anatolia, recientemente descubierta y excavada, hacia Siria, hasta
llegar a Canaán y coinciden con la geografía de hoy. El estilo de vida nómada, los rebaños y costumbres de la vida de los patriarcas era la característica de los
siglos dieciocho y diecinueve A. C. El
nombre de Moisés es egipcio y puesto por la hija de faraón, con las radicales
que aparecen también en Ra-Meses y Thut-Moses. Además, los nombres, fiestas,
comidas, lugares y deidades mencionadas en esa época son familiares a las culturas hebrea y egipcia.
Podríamos continuar con el Éxodo,
David (rey aludido en inscripción descubierta en 1993 por el arqueólogo Abraham
Biran) y Salomón hasta los reyes de Israel, pero es un suplicio para el cual la
ideología que menoscaba el texto bíblico no tiene tiempo ni está preparada. Es más
fácil confesar “yo creo en la tradición que modifica, interpreta y califica a
la Escritura.”
Tiene mucho en contra quien dice “yo
no creo en la sola escritura.” ¿De dónde saca el creyente la autoridad para
creer en la revelación si el testimonio que de ella tenemos en las Escrituras
es anulado? ¿Qué sucede si le aplicamos el
teorema regresivo a la tradición? Si volvemos sobre ella hacia ayer, hacia el
día anterior, y sucesivamente hasta el primer día ¿qué encontramos? Nuestro
propio rostro. ¿De donde obtiene la tradición su carácter revelado, su
naturaleza inspirada y por supuesto su autoridad misma? Solo queda decir que el
tiempo es lo que le otorga rasgos de misterio a la tradición. El paso del
tiempo no convierte el rito o la idea humana en divinos, de modo que o
encontramos su autoridad en la Palabra de Dios o estamos frente a nuestro
propio rostro.
No importa aclarar que en la
Biblia la interpretación es literaria, que las figuras del lenguaje se
interpretan como tales, que el orígen de los oficios, del trabajo, de la
sociedad, el intercambio, la moneda, de la familia, del cultivo de la tierra,
de la literatura, del registro genealógico e histórico, aparecen ya en las
primeras páginas del Génesis. De nada sirve, si la postura ideológica dice:
solo son mitos y leyendas. Con ese artefacto ideológico se serrucha la rama misma
en donde está sentado quien hace tal afirmación.
domingo, 17 de noviembre de 2013
Principio y fin de la teología
Las primeras letras de la Biblia hebrea son “En el principio Creo Dios.”[1] Tres palabras en el original. La última sección del
último libro de la Biblia
hebrea, 2 Crónicas 36, terminan con “el primer año de Ciro Rey de los persas…”
¿Qué significado tiene
eso? Que el Dios que empieza como rey soberano disponiendo del proceso
creativo, derrotando a las fuerzas de lo inanimado, ahora debe mencionar a otro
rey, Ciro, bajo cuya autoridad se encuentra toda la tierra y en especial el
pueblo de Dios.
Pero lo paradójico es que
a diferencia del primer hombre y de la primera mujer, este rey pagano reconoce que “Jehová el Dios de los cielos me ha dado
todos los reinos de la tierra.” [2] Un eco lejano de "He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer."[3] Ciro tiene una perspectiva teológica del poder, por ello, alienta al pueblo a
volver del exilio, autoriza a lo que queda de Israel a construir el templo.
Al hablar de teología uno
no puede sino imitar a Ciro. Reconocer que así como lo de Ciro era el poder y,
según él, Dios se lo había dado, para el teólogo, lo suyo es conocer a Dios, y
no se puede menos que reconocer que de Dios hemos recibido todo.
Al empezar a hablar de
teología toma sentido la soberanía de Dios, su gracia, su obra de amor en la
creación, su paciencia y su obra total a favor del hombre. El hombre aporta su
rebelión, su desobediencia, su radical finitud y su permanente traición, Dios
aporta el perdón.
sábado, 2 de noviembre de 2013
“Doña Beatriz,” 1932-2013
Fundadora del Instituto Evangélico América Latina, Anita Beatriz Espinoza Treviño de Zapata, falleció hoy, sábado 2 de noviembre, por la tarde, según lo anunció la página de Facebook de esa entidad https://www.facebook.com/alatina.org?fref=ts. Resumimos su vida en una frase: miles de estudiantes
lloraron y rieron con ella. Desde infantes salidos de los brazos de su madre
hasta chicos que se creyeron adultos, no teniendo más de 15 años. Nos referimos a generación
tras generación, que le amó, le admiró y se llevó de ella los más hermosos
recuerdos. Mexicana por nacimiento y guatemalteca por elección, doña Beatriz
entregó a la juventud una forma de motivación respetuosa y amigable sirviendo a
los guatemaltecos por más de 50 años.
Su filosofía era querer a los jóvenes y señoritas, motivarlos, haciendo
de sus pequeños logros una fiesta de reconocimientos, de diplomas y medallas, dándoles
el estímulo que ni en su casa recibían. Una estrategia fantástica de motivación
y construcción del auto estima, tan dañada entre los pobres de Guatemala a
quienes sirvió. Por supuesto, vano sería describir una vida tan hermosa aparte
de lo que le dio valor. Hija de ministros evangélicos, aprendió de joven todo
lo que esta en juego en el servicio cristiano. Amó a Dios profundamente y modeló
la compasión de Jesús en el trato amoroso a la juventud a la que evangelizó y
enseñó la Biblia con su ejemplo. Una misionera en todo el sentido del término.
La Iglesia evangélica recibió en los años 50s a una joven cantante y
educadora cristiana que acompañaba a su esposo en la tarea de fundar un colegio
evangélico en 1954. Una dama elegante y bella, de mirada expresiva que igual
servía a Dios con su dulce voz, o tocando el piano, o bien organizando
graduaciones y retiros estudiantiles. Deslumbrante persona, con dones y
habilidades extraordinarios, oradora fantástica y fina diplomacia, cuya única
visión era servir a su señor. Su entrega a la Iglesia de Guatemala fue una
entrega a los pobres del país quienes, en algunos casos, no le comprendieron, cosa natural a la condición humana.
Doña Beatriz, era una mujer segura de si misma, asertiva, características basadas en su fe y con un
sentido del humor digno de aprender a reír con ella. Sus dichos y apodos
pegaban entre los jóvenes, sus cantos y juegos educaron a varias generaciones.
Mujer trabajadora, de largas jornadas, para hacer con sus propios recursos
tareas muy grandes, fueran secretariales o de organización. El espíritu que
formó el IEAL y quedó rondando en campamentos y aulas, lo forjó con sus
consejos sabios y su estilo casual ésta amorosa madre de varias generaciones. Su
trato con los ex alumnos fue igual, amigable y respetuoso, pero continuó
aconsejándoles sobre cómo ser mejores profesionales y personas. En 1998 escribió
el libro “Mamá por etapas,” una obra orientadora basada en vivencias y principios bíblicos, traducida luego al
inglés.
Recibió en su casa a jóvenes del interior del país que necesitaban una
oportunidad. Fue hospedadora abriendo las puertas de su hogar a extranjeros y
nacionales, especialmente, a siervos y siervas de Dios que necesitaron un lugar
para reposar, aun cuando fuera por unas horas. Su mesa siempre fue pletórica,
generosa para jóvenes hambrientos de afecto tanto como de alimentos.
Cuántos desvelos, cuántos mensajes, cuántas oraciones, cuántas lágrimas, cuántas clases, cuántos viajes a Monte Sión, cuántas caravanas, nada de lo dicho aquí puede ni siquiera sugerir su hermosa labor. Sus hijos y nietos son un colash de sus mejores cualidades, que aquí no pretendemos agotar. Activa siempre, pensando en todo, orando sin cesar, pero cansada por una vida larga de servicio, en los últimos años se había recluido para afrontar la vejez con la dulzura que ejemplificó siempre. Dios ha multiplicado ya entre sus muchas generaciones de hijos, otros que sirven como ella. Creo unirme a un gran coro de pensamientos y corazones al decir, humildemente, ¡Gracias doña Beatriz! Amén.
Cuántos desvelos, cuántos mensajes, cuántas oraciones, cuántas lágrimas, cuántas clases, cuántos viajes a Monte Sión, cuántas caravanas, nada de lo dicho aquí puede ni siquiera sugerir su hermosa labor. Sus hijos y nietos son un colash de sus mejores cualidades, que aquí no pretendemos agotar. Activa siempre, pensando en todo, orando sin cesar, pero cansada por una vida larga de servicio, en los últimos años se había recluido para afrontar la vejez con la dulzura que ejemplificó siempre. Dios ha multiplicado ya entre sus muchas generaciones de hijos, otros que sirven como ella. Creo unirme a un gran coro de pensamientos y corazones al decir, humildemente, ¡Gracias doña Beatriz! Amén.
jueves, 31 de octubre de 2013
Martin Luther: Undoing a Path of One Thousand Years
Augustinian monk son of the Renaissance, Martin Luther (1483-1546), was born in times of fear. Men feared an angry God, witches and spirits as well as Turks. In his monastic life Luther turned to the study of Greek and Hebrew languages, which monasteries had kept for centuries, and by the age of twenty five he was a professor of theology in Wittenberg, although his doctorate was completed until 1512 at age 29. In this process Luther learned to doubt all thinkers (Jodocus Trutfetter) and came to the conclusion that faith and not reason was the only path to know God (W. of Okham).
The terror of God Luther resolved it through a very long and existential process, by stressing the love of God which he called grace using pauline language. A loving God had declared the believer righteous so there was no reason to fear him anymore. This turned an angry deity into a gracious God who accepts man on the basis of the death of Christ by declaring man justified.
Luther also reflected that the Church could not have created a path to know God. Tradition was after all not a divine gift but a human development which yesterday was as human as the day before yesterday, so if one goes back to its earliest origin one does not find but the face of man himself rather than God’s. So to know God he, graciously, has to make himself known through his Word in the Scriptures. There is not other source of divine revelation but Scriptures.
So Luther denied that the scholastic bridge between heaven and earth was a God given tool. Analogy as the connection between what is human and that what is divine is an arrogant move on the part of theologians. It is a product of the “whore reason” and comes short to putting God in ones pocket. It can be predicated only on the basis of destroying Gods glory, his majesty and divine order. Gott ist der ganz Andere! In Old Testament tradition God was totally other and Luther believed that to be the core of who God is. The world of witches and spirits was nothing and certainly not a source of fear.
In his search for that which is truly biblical Luther discarded five of the sacraments and reinterpreted the other two. He denounced the purgatory as unbiblical and used against the Pope a very effective ad-hominem. First there are not biblical basis for substituting repentance and penance as the only way to appease God, so taking money instead of contrition was another deformation without biblical support. If the pope claims to have power over the purgatory why does he have to ask for money in order to use it. Why does he not, as an act of compassion, empty the purgatory once and for all?
Luther by recovering the Bible and its themes as creation, the fall, the incarnation, and so forth, had helped to bring back history into theology. The scholastic approach had exhausted itself and delivered all that it had. Reason had devised formulas to explain things, usually going around, behind and above history to satisfy human reason but without meeting history itself in a personal way. The incomprehensive encounter between eternity and time, spirit and matter, infinite and finitude postulated by some scholastic rationalists had finally met in the person of Jesus Christ, the point in which God meets man. This was made possible in new way when Martin Luther rejected the abstract notions and categories of scholastics.
Nature and supernatural are connected but not by reason for that leads only to the vanity of man search for himself. They are connected by God, in the person of Christ who reveals God through the veil of his flesh, Deus absconditus, who in Christ becomes Deus revelatus, God revealed in mystery, is through Christ the way par excellence to know something true about God, his glory and his majesty.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Que pasó con la analogía ¿del ser?
Muchos conocen el episodio según
el cual K. Barth había dicho que la razón por la que no podía ser católico es por
el concepto de analogía del ser que trata de "embolsarse" a Dios. Es decir, hace a Dios una extensión del concepto "ser" y en tanto que comparable a todo aquello que es, Dios puede ser cognoscible, "el ser en cuanto a ser," aparte de la revelación especial. En efecto, la filosofía tomista de Karol Wojtyla
retoma la analogía del ser como parte del personalismo filosófico. Es a ésta analogía del ser, atrevida y arrogante, sugerida en el Concilio Vaticano I, a la que Barth se refería como lo que no le permitía ser católico, hasta
que la discusión con su amigo y cuasi discípulo, el jesuita Hans Urs von
Balthasar, también suizo, respondió y replanteó la queja de Barth sobre la analogía.
Han Küng admirador crítico de
Barth dice que éste no volvió a tocar más el tema y que como hacen los papas,
sin dar las explicaciones necesarias simplemente abandonó el tema y no volvió a
afirmar su problema con la “analogia
entis.” ¿Qué hizo von Balthasar para disuadir a Barth? Veamos.
Parte del disuasivo Balthasariano es lo que
Barth mismo contribuyó a Balthasar que en las palabras del jesuita incluye: ‘It is almost unnecessary to set out how much
I owe to Karl Barth: the vision of a comprehensive biblical theology, combined
with the urgent invitation to engage in a dogmatically serious ecumenical
dialogue, without which the entire movement would lack foundation.’ De
esa visión beberá von Balthasar para decir que ‘¿acaso no podemos permitir que
nuestra respuesta humana, en toda su creatividad divinamente inspirada refleje
de vuelta a Dios esa gloria que Dios ha compartido con nosotros?’ Esta mimetización del razonamiento teológico barthiano
es a mi juicio parte de la grandeza que hoy se reconoce en Balthasar.
Pero la respuesta a la analogía entis que incluye el silencio
de Barth quizá en ningún lado queda mejor planteado que en estas palabras de
Balthasar: ‘Anselmo está en el kairos, porque
la revelación bíblica puede ser entendida simplemente como la consumación
trascendente de la filosofía antigua, la cual nunca fue filosofía en el sentido
moderno sino fue en su preocupación fundamental teología: discurso acerca de
Dios, acerca de lo eterno, acerca del ser, de aquel que es.’
Así de manera brillante, viendo
el bosque y no los árboles, Balthasar tiene a Barth contra la pared. Seguir
esgrimiendo la parte ontológica en oposición a la analogía (entis) es negar la posibilidad de que la gloria de Dios se refleje
desde nosotros, desde la Iglesia. Por otro lado, aceptar la analogía como algo epistemológico le lleva a cometer un terrible error de categoría
¡la filosofía es realmente teología! hermosamente disfrazada en las palabras de
von Balthasar a la vez que acepta el gran servicio que Balthasar le ofrece a la
teología ¡convertir toda la historia de la filosofía en una búsqueda cristiana!
Esa es una oferta difícil de rechazar.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Distinciones y debates teológicos
La importancia de las distinciones teológicas es una de las
razones de la teología. Parece sinónimo de la importancia de la definición,
pero postmodernamente, la definición disgusta a muchos porque traza limites a
gentes resueltas a no reconocerlos. Es lo que distingue al libre pensador del filósofo.
El libre pensador es uno que discurre alegremente por la vida sin importarle
mucho posiciones, puntos de mira o referencias más allá de las existenciales. Es
un afirmar existencial que tiene de peso los treinta segundos que me tomo
formular mi declaración.
Eso es lo opuesto a la teología que te pide responsabilidad
en lo que dices, alegría si, para buscar la verdad pero mucha ponderación porque
tus palabras son parte de un discurso de siglos. Prácticamente son parte de una
cátedra que no empezó con tu llegada al mundo teológico sino muchos siglos atrás.
Teología es entonces libertad pero del Espíritu más que libertad de disentir
con el parlamento anterior.
El disenso es un disenso calificado por la doctrina, la hermenéutica
y la palabra. Mientras que la libertad de expresión es el tesoro más valioso
para el libre pensador, la libertad interior y de conciencia se considera
superior y anterior a la libertad de expresión. Esa libertad es la que mana del
Espíritu y se traduce a doctrina y debate.
El debate entonces no es tesis, antítesis y síntesis. No es
sic et nonc. Es el silbo apacible en el
cual se encuentra la presencia del Señor.
El debate es primero un debate consigo mismo y solo entonces un debate
con mi hermano. Porque la idea al debatir no es censurar la palabra sino encontrar
la palabra, o mejor aun dejarme encontrar por la palabra. Sin esa actitud que nace también del Espíritu
el debate no solo carece de legitimidad, es que aun mas, carece también de
valor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)