martes, 19 de julio de 2011

La Biblia y el espionaje de Murdoch

Los Murdoch, Rupert y James, de ser hallados responsables, pondrán a prueba el Estado de Derecho. Las audiencias son largas y se trata del escándalo del mes. Es lugar común entre los críticos de la economía decir que esta carece de toda ética. En este juicio de valor, por lo general, se conjuga la crítica al materialismo y a la ambición humana, confundiendolas con empresarialidad y productividad, pero no son lo mismo. 
La economía no está formada ni por ángeles ni por demonios, sino por compradores y vendedores. Todos vamos al mercado a comprar lo que consumimos todos los días, sea la computadora, la comida, el auto o la educación y la salud. Cuando alguien compra o vende lo que se hace es una transacción de derechos de propiedad. Yo abdico al recurso que vendo a cambio del dinero y el comprador abdica al dinero que tiene a cambio del artículo que yo le vendo. Siempre es posible abusar en ese intercambio de derechos de propiedad.
Hay maneras de tomar ventaja sobre la competencia que no son siempre correctas. En el caso del imperio Murdoch, lo que está en juego es obtener la mejor información para ofrecer las mejores noticias por medios no lícitos. En otras palabras, en lugar de pagar a reporteros que hicieran un trabajo arduo que toma tiempo y es difícil de obtener, se había tomado el atajo de espiar a la gente, para obtener sin pagar reporteros, desde un centro de vigilancia y en el menor tiempo posible, la información de personas generadoras de información.
Estas maneras incorrectas de tomar ventajas sobre la competencia le dan mal nombre a la economía en general. Por eso, algunos tipifican al empresario como un aprovechado del trabajo de sus empleados y de las necesidades del mercado. En verdad es lo opuesto, sin el empresario no tendríamos acceso a los bienes que le hacen más fácil la vida al ser humano. ¿Cuál es la forma ética de manejar la economía?
La Biblia insiste en el infinito valor del ser humano. Creado a la imagen de Dios, es sujeto desde la eternidad de su amor y objeto del sacrificio redentor. Por eso, amar a Dios y al prójimo es el resumen de toda la ley. De modo que una prueba ética de la actividad económica es que nunca se use al ser humano como medio perverso para un fin egoísta. El ser humano es siempre fin y nunca medio.
La Biblia también insiste en la verdad. La mentira es algo que Dios abomina y daña al prójimo. Por eso la verdad y la autenticidad esta al centro de toda las relaciones humanas, incluyendo las mercantiles. De esa cuenta que otra prueba ética para la economía es que nunca se use la mentira ni el engaño, ni en la oferta ni en el pago o compra.
De igual manera, la Biblia dice que la violencia o la apropiación por la fuerza de lo que pertenece a alguien mas, es robar. Por eso el respeto al derecho de propiedad,  a la vida y a la libertad del prójimo son cosas centrales a toda conducta de mercado. De ahí que otra prueba de las mejores prácticas económicas tiene que ver con no usar la violencia ni la matonería en ninguna transacción, como solían hacerlo los gansters.  
Por eso, caerá el peso de la ley y toda la responsabilidad sobre los espías, que tomaron cosas por las que no pagaron, que ganaron dinero fácil y que se hicieron, de esa manera, más grandes que la competencia. El Estado de Derecho existe para proteger al público, y a los consumidores, de las truhanerías de prójimos, empresarios o no, para evitar el abuso, imponiendo penas certeras, prontas y cumplidas. 

domingo, 10 de julio de 2011

La Biblia y la muerte de Facundo Cabral en Guatemala

"Facundo vivió como hijo del mundo y murió como guatemalteco", dijo un amigo en Facebook. Guatemala es ciertamente un lugar peligroso. Las tesis se desbordan, que si el empresario, que si los políticos, que si la seguridad… hay en Guatemala un espíritu necrófilo. Pero eso no empezó ayer. Lo hemos cultivado por sesenta años, y seguimos, oyendo desde el aula universitaria que “la ética es una idea burguesa” y que “la religión y la moral son un sub producto de la ideología”.
Hemos visto para el otro lado cuando oímos que “el fin justifica los medios” y que con tal de terminar con los ricos, “los mártires que nos fabriquemos son enteramente válidos”. Hemos hecho oídos sordos cuando se dice que “las razones o causas políticas justifican las medidas de hecho”. Nos hemos hecho los tontos, cuando oímos que “no hay valores absolutos”. En fin, vivir entre mentiras, relativismo moral, simulación de afectos e indiferencia jurídica, tiene un precio: cosechar la fruta amarga de la muerte.
Henri de Lubac, el teólogo francés y uno de los representantes de la Nouvelle Théologie, lo dijo, elocuentemente, a finales del siglo XX: “cuando el hombre mata a Dios, terminan matando al ser humano”. Las dos guerras mundiales y las revueltas e insurrecciones regionales del mundo le daban la razón a de Lubac. En Guatemala dijimos que “Dios era producto de la supra estructura ideológica” y lo dijimos en tono doctoral o con el latiguillo discursivo de la política para sonar más interesantes.
Las malas ideas han producido malas leyes, es decir, aquellas que no protegen al ser humano, su vida, su propiedad y su libertad. Son malas además porque se entremeten, más de la cuenta, en la vida de los ciudadanos convirtiendo en político (o público) aquello que no lo es (comprar, vender, contratar, etc.), justificando a los ciudadanos que le juegan la vuelta a la ley, produciendo insensibilidad jurídica; es decir, son malas porque elevan irracionalmente los costos de transacción, seduciendo a su desobediencia. Finalmente, resultan pésimas porque producen privilegios, a unos porque tienen poder económico, a otros porque tienen poder político y a otros porque no tienen ni lo uno ni lo otro. Cuando “todos tienen privilegios”, “ninguno tiene derechos ciudadanos firmes” y eso destroza la republica.
Habacuc ve que la invasión de los caldeos viene sobre Judá porque: “Destrucción y violencia están delante de mi, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia” (Hab. 1:3-4). La verdadera espiritualidad es preocuparse no solo por Dios, sino también por el ser humano, resumen de toda la ley. En nuestro medio no necesitamos que venga la destrucción de los caldeos para que se sienta el juicio de Dios sobre una nación. Es suficiente un mal gobierno para tener a toda la población de rodillas.  
Los doscientos años de fracaso de vida republicana se basan en las malas leyes que no protegen a la persona. Por eso la muerte, la pobreza y el subdesarrollo son el resultado del mal gobernante que se opone a la reforma del Estado y nos deja en el desamparo sufriendo la crudeza de su fracaso político. Cada asalto, cada muerto, cada robo, cada joven sin hogar, sin empleo y dispuesto a servir a las peores causas, es una muestra de cómo el Estado y la Iglesia le han fallado a los guatemaltecos.
La muerte de Facundo, de un hombre de una fe profunda y de ideas muy claras, tan horrible y trágica como es, es resultado de la popularidad de las malas ideas y malas leyes en Guatemala. Ideas que los guatemaltecos repetimos y seguimos, sin analizar su parte en la tragedia que vivimos. La fe de seis millones de protestantes es impotente, socialmente, casi anodina, frente a la cultura que nos inmoviliza con sus malas ideas y malas leyes.  ¿Será que doscientos años de fracaso no son suficiente evidencia de que urge reformar el sistema y oponernos a las malas leyes y malas ideas que nos tienen cautivos?
¿Por donde empezar? Predicando la creación y caída como ámbitos de la espiritualidad; el elección de Abraham como el origen del plan de redención de donde viene Jesús. El Éxodo y la ley como la base ética del pueblo y la promesa de su presencia entre su pueblo. El juicio y la bendición que nos imponen definirnos, qué vamos a hacer hoy, ¿obedecer o fracasar? Los profetas con su mensaje realista no a las idolatrías, si a la justicia y a la misericordia: “arrepentíos”. La monarquía que ratifica que Dios reina y el hombre que lo hace mal, pone de rodillas al pueblo como sucedió tantas veces en Israel. Este mensaje evitará que nuestros hijos se hagan clientes del sistema penitenciario y producirá en el país ideas claras para pedir la reforma de las instituciones por medios jurídicos y por medios políticos.
Estas son las lapidarias palabras del ciudadano del mundo que se nos hizo solidario en su muerte: “La sociedad humana está tan mal, por las fechorías de los malos y el silencio de los buenos” (FC). Adiós Facundo, desde tu Chichicastenango, tu Tikal, tus lagos y volcanes. Desde todos los corazones que disfrutamos tu música, salpicados de amor con cada lagrima que hoy se derrama por vos.

jueves, 30 de junio de 2011

Luces y sombras del movimiento Protestante

El gran telón de fondo del movimiento protestante fue el renacimiento. Podría hablarse de los años 1253-1453. Florecieron, durante ese período, el arte y la cultura de las imágenes. También en esa época se venía gestando el surgimiento de los estados nacionales como alternativa política a la ciudad-estado. Son, en general, tendencias más que sistemas acabados.
Se trata de movimientos del espíritu humano en plena fluidez, y por tanto, escurridizos, ambivalentes e irreductibles a esquemas o sistemas. Movimientos que anuncian una dirección: el gobierno central, tras el Príncipe de Maquiavelo (1527); la autonomía de la razón y del individuo que imponen una dirección distinta a la civilización, una dirección antropocéntrica que complementa el cuadro descrito arriba. La republica, más respetuosa del individuo, no surgirá sino a finales del siglo XVIII.
Pues en ese marco, la Reforma Protestante ayudó a consolidar el papel del hombre y la mujer cristianos. El laico adquiere conciencia de su papel como creador en el mundo del trabajo; como responsable por la vida de la iglesia. Se retoma la teología del trabajo, del dinero y se crea una reflexión sobre el crédito y el interés bancario, ¡en el marco de la Reforma! Esta vez por parte de Juan Calvino. Sin duda, está tras esto la influencia de Gabriel Biel, maestro de Lutero y autor de un tratado sobre el significado del dinero.
El creyente redescubre la Palabra de Dios y la autoridad de la Biblia. Se trata de la esencia del mensaje y vida cristianos. La Palabra de Dios afecta el ámbito de la conciencia personal y abre con esto paso a la tolerancia, a la libertad y a la coexistencia religiosas.  Si bien el fruto de esto no se verá si no hasta después de cruentas guerras de religión cuyo contenido fue esencialmente político.
La teología tendrá una agenda abierta. No dependerá de otras instancias normativas sino de la Palabra de Dios, lo cual le permitió un dinamismo mayor. En los siglos siguientes, proliferaron las facultades de teología protestante en las universidades y se entregaron a un pensamiento creativo que, por otro lado, no siempre fue fiel al Evangelio, pero que sedimentó la permanencia de los valores en las sociedades europeas.
Nos causa sorpresa que, en Europa, sociedades que se consideran ateas, hoy siguen afirmando valores cristianos. Creen en la puntualidad, en la ética de trabajo, en el valor del ser humano, en el respeto al derecho ajeno, en la humanización de procesos sociales, en el Estado de Derecho, rectamente entendido. Proponemos aquí que se debe a que una legión de investigadores continúo manteniendo, en el plano ético, la discusión de los valores de esas comunidades. Disertaciones, Tesis, “Journals”, “Papers”, círculos de discusión, artículos de periódico y de revista, han mantenido vigentes los valores, en la comunidad científica y en  las ciudades universitarias en torno a estos centros.  
En Latinoamérica, abrazar el proyecto de Augusto Comte para la cultura y la educación superior en particular,  condujo a expulsar a la filosofía y principalmente a la teología de la educación superior, para dar lugar a las ingenierías. El punto es que nuestras sociedades se quedaron sin interlocución con un aspecto central en la formación humana, ayuna del aporte del marco creador del pensamiento de occidente, la tradición judeocristiana.
Por otro lado, también es cierto que el ocaso de la edad media tampoco le permitió al protestantismo ver que se encontraba, “científicamente”, ante una nueva era. Lutero y su colega Felipe Melanchton se opusieron a los descubrimientos de Nicolas Copernico. De ahí resulta fácil decir que la reforma tampoco estaba dispuesta ni preparada para conducir la modernidad y evitar la secularización europea, que parecía inevitable, con o sin Reforma.
Si algo podemos aprender de la historia es que no podemos atravesarle a la locomotora de la ciencia el auto de nuestra comprensión de los descubrimientos científicos. Trasplantes, biomedicina, células madre y clonación son fenómenos a los que hay que responder individualmente en cada adelanto específico. No es procedente responder como sí se tratase de un asunto unitario.
El “libre examen”, una de las hermosas herencias de Lutero, no debe confundirse con libre interpretación. En América Latina, en donde han surgido nuevos “dones espirituales”; nuevos apostolados; nuevas sectas unitarias, el “libre examen” se ha constituido en una negación de la cristiandad.
Otra de las sombras de hoy es la forma en que el protestantismo ha escogido ignorar el daño que el sistema “legal” de América Latina ha hecho al hombre latinoamericano. Más grave aún ha sido no reconocer la mano del Partido Papista de Gregorio VII (1075-1083) tras ese sistema, producto del derecho positivo. El “derecho”, usado entonces y ahora como herramienta centralizadora del poder y favorable solo a las elites, merece una decidida respuesta evangélica. Ese sistema constituye un ataque frontal a la libertad del ser humano (Ver de esta autor, “Una vida con responsabilidad”).
Sombra también ha sido la decisión misionera norteamericana, seguida del liderazgo criollo, de no enseñar a los cristianos su responsabilidad afuera de las iglesias. Ni la vida cívica, ni el trabajo, ni la educación, ni el emprendimiento han sido tocados por la predicación o la Biblia Protestantes. Mientras los cristianos palmean alegremente en los templos, el liderazgo que los tiene bajo su influencia se pierde la oportunidad de enseñarles a pensar su mundo de manera evangélica.
Al salir de esos templos, los hombres y mujeres vuelven a su pobreza, a su ignorancia y subdesarrollo. Sin un rayito de luz de la visión transformadora de la educación cristiana. Sin entender el compromiso de la doctrina judeocristiana con el cambio de actitudes, instituciones y mentalidad. Sin poder unir el mandato cultural del Génesis con la Gran Comisión del Nuevo Testamento. Quienes han señalado esto, desde mediados del siglo pasado, se han hecho eco de Marx: “opio del pueblo”.
Todo esto se ha escogido cubrirlo con un manto de espiritualidad. Cuando se ha necesitado articularlo racionalmente se le ha llamado “una actitud apolítica”. Estas supuestas neutralidades toman postura a favor de la irresponsabilidad en esas áreas. De eso el protestantismo latinoamericano es, en general, harto culpable.

miércoles, 15 de junio de 2011

La crisis del siglo ayer y hoy: Siglo XVI y Siglo XXI

“Las ideas tienen consecuencias”. Este aforismo es tan cierto hoy como hace 500 años. Dedicamos unas líneas a describir la situación en la que se dio la Reforma para analizar el impacto de las ideas de ayer el día de hoy.
El método “genético” no es estudiar historia. Es analizar en grandes tramos de tiempo, el impacto de las ideas a partir de su génesis u origen: Hay ciertas similitudes entre el Siglo XVI y el Siglo XXI. Algunas son meras sugerencias pues similitud no significa igualdad y menos “identidad”. La historia no se repite.
El Siglo XVI marca el fin del viejo orden medieval cristiano y el inicio de una nueva edad. En aquel entonces, las ideas en las que se fundaba la existencia humana habían perdido su carácter definitivo y daban lugar al cambio. El navegante genovés  Don Cristóbal Colón había descubierto en 1492 que la tierra no era plana.
En 1453, Nicolás Copérnico había descubierto que la tierra no era el centro del universo. Era el sol el centro, según su Revolutions Orbium Coelestium. Esto ponía en serias dudas la visión geocéntrica de Ptolomeo, el astrónomo y matemático de Alejandría que floreció en la primera mitad del Segundo Siglo. Su obra “Almagesta” y la visión Aristotélica de la realidad y de la “ciencia” se habían unido a la teología al punto de no saber,  culturalmente, en donde empezaba lo uno y terminaba lo otro.
Hoy, tras 500 años de “modernismo”, la conclusión es que ese es un orden superado. Ese término que vino a representar a la Ilustración y a la Francia del Siglo XVIII, que significa una protesta contra el renacimiento y su visión de la historia; que se refirió a una época que veía al pasado, al ocaso de la baja edad media, es un término que ha sido puesto de lado.
Hoy, hablamos de “postmodernismo”. Este término surgió en la arquitectura en la segunda mitad del siglo pasado. Pronto se empezó a ver en otras áreas del conocimiento al punto que en los años 1950s era un término conocido entre críticos literarios.
El término, que puede ser abusado por conservadores que miran con nostalgia al pasado; por críticos radicales que enseñan con la anarquía; por utopías que buscan un estilo que aun no logran definir y aun por cínicos para justificar cualquier cosa, puede usarse en una variedad de sentidos.
“Postmodernismo” es un término que caracteriza a una época que tiene ya varias décadas de desarrollo. Se trata de avances muy grandes que aún no podemos comprender al igual que de una actitud dispuesta a generar en todas las áreas de la existencia humana nuevas posturas. No importa, como en el Siglo XVI, si los griegos lo hicieron antes, si los romanos lo definieron con más radicalidad. Importa que ahora lo hagamos mejor porque es nuestra era y nuestro turno de hacerlo.
Se trata hoy, como ayer, de una época de tanteos, las diversas soluciones e ideas se prestan a las valoraciones más opuestas. Las fuerzas culturales son polivalentes; las iglesias y religiones se ven en el pináculo de sus oportunidades y a la vez en el ocaso de su pertinencia.
Espiritualmente, el postmodernismo reclama que todos los caminos llevan a Dios, como ayer todos los caminos llevaban a Roma. Pero, más profundamente, cada quien es su propio camino y quien sabe si Roma, después de todo, sea el mejor destino.
El papado heredero del renacimiento que ayer participaba del hedonismo, desde Sixto IV hasta León X, hoy pelea contra el. La Roma de hoy sigue siendo católica pero ya no pasa por Trento sino por la “tradición”, una palabra que, como “postmodernismo”, caracteriza a una época, al viejo orden y a la visión del mundo que nace con el.
La iglesia de Roma a pesar de las notables Encíclicas Sociales del Siglo XX; a pesar del Segundo Concilio Vaticano; a pesar de la Nouvelle Theologie en Francia y de la teología de la liberación en América Latina, sigue siendo la misma iglesia en el fondo y en mucho de la forma que interesa a los protestantes (la Biblia, la liturgia, el matrimonio del clero y las pompas papales). Hoy, con Benedicto XVI sentado en la silla de Roma eso no requiere mucha elaboración.
Porque, en cada caso, los intentos de Reforma encontraron cumplida respuesta desde Roma. Las Encíclicas Sociales y la teología de las realidades terrenas no superaron la vieja propuesta de una organización piramidal del mundo, con el Papa como señor del orden terreno a la usanza de las bulas de donaciones. Un mundo gobernado por elites y acuerdos cuasi-feudales que ya no era realidad sino en la teología católica. Un señoriazgo del orden terreno asegurado con la categoría del Vaticano como Estado secular.
El Segundo Concilio Vaticano elevó las expectativas de Reforma pero aún continuó con la infalibilidad; con la autoridad que descansa en el magisterio y no en el concilio; con afirmaciones de compromiso que ni reforman, ni corrigen bíblicamente, sino que corrompen el dogma más tradicional de la iglesia (la insinuación universalista y el coqueteo con el socialismo son solo un botón de muestra).
La Teología de la Liberación encontró en el actual Papa Benedicto XVI (Cardenal Joseph Ratzinger) una condena profusa, bien estructurada y tajantemente articulada, con mucha paja en el ojo ajeno y poca contrición por la escasa comprensión que las mismas encíclicas sociales tienen del proceso económico.
Los teólogos de la Nouvelle Theologie enfrentaron prohibiciones y silencios, censuras y los premios cardenalatos que fueron posteriores gracias a Juan XXIII, son un caso en el que los castigos que antecedieron desanimaron a toda la escuela francesa. Todo ello cifrado mejor que nada en la Humana Generis de Pio XII, la encíclica del 12 de agosto de 1950 que acalló a la escuela francesa. Se trata de una defensa de la teología natural clásica y de un silencio a Henrí de Lubac, Henrí Boullard, Jean Danielou y Hans Urs Von Baltasar.
En 1959, Hans Kung pronunció en Basilea, la Universidad de Barth, la conferencia “Eclessia Semper Reformanda” dos semanas antes de la convocatoria al Concilio Vaticano II. Destacó ahí lo que se esperaba de un teólogo de primer orden en diálogo con Barth y haciéndose eco a la escuela francesa. Pero años más tarde, como los franceses, el mismo Kung sería censurado. Luego  vendría la “Instrucción sobre la teología de la Liberación” que haría lo mismo a los latinoamericanos, Leonardo Boff, Juan Luis Segundo, Gustavo Gutiérrez y otros.
Y a los protestantes ¿cómo los encuentran los 500 años de Reforma? En América Latina hay tanto que decir. Un ecleciocentrismo parecido al de los días de Lutero. Una fe catedralicia con énfasis en la forma, en la autoridad, en el rito, en el gesto, en la magia milagrera. Una teología muy desfigurada que nos interesa elaborar en este trabajo.
¿Está la iglesia Reformada dispuesta a actuar según su lema “semper reformanda” . ¿Existe un programa visible de cambio que incluya una nueva actitud en los seminarios y centros de instrucción teológica? ¿Es la teología de las “Universidades evangélicas” realmente universal y realmente evangélica?
Me temo que Lutero saldría de las iglesias y megaiglesias latinoamericanas con la misma sospecha con que abandonó Roma en 1510, tras su misión oficial; sospecha que pocos años después le llevó a publicar sus 95 tesis, el 31 de octubre del año 1517.

martes, 7 de junio de 2011

La Biblia y sus demandas sobre lo político


El termino evangelio, en el que hemos creído, tiene su trasfondo en los capítulos 40 al 55 de Isaías. Se trata de las buenas nuevas de la restauración de Jerusalén después del exilio babilónico. La referencia a la “anunciadora de Sion” y a la “anunciadora de Jerusalén”[1], en la traducción griega del Antiguo Testamento, se describen con la palabra euanguelizomenos.
Se ha de recordar que el fondo de esto es la derrota de Babilonia y el retorno del exilio. “Cuan hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas del que proclama (euanguelizomenou) la paz, del que trae buenas nuevas (euanguelizomenos) del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!”[2]
Pues este vocablo, cargado de esperanza, constituye el mensaje de Jesús y del Bautista. El inicio del ministerio de Jesús y del bautista fue “arrepentíos por que el reino de los cielos se ha acercado”[3]. De hecho todo el ministerio de Jesús Mateo y Lucas lo encierra en ir “por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios” (Mt. 4:23)[4]. Quizá por eso Pablo puede resumir todo su ministerio en “predicar el evangelio”[5].
Un tema que pasa ignorado es que el evangelio es también una polémica contra todos los reinos de la tierra. Sin desestimar el origen judío del término, los romanos lo usaban para hablar del entronamiento del emperador. César y Cristo se enfrentan y ambos tienen un evangelio que los anuncia, pero el evangelio del César no tiene el respaldo del Señor de las naciones.
El evangelio que se resumen en la muerte de Jesús por mis “pecados conforme a las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras”[6], tiene en mente no una creencia privada e inocua sino una confrontación con los poderes de este mundo.
Pablo, en Gálatas, dice que las palabras de Isaías tienen “cumplimiento en el tiempo cuando Dios envió a su hijo nacido de mujer y nacido bajo la ley[7]. Marcos, para quien la vida de Jesús es el evangelio, habló también del cumplimiento del tiempo para referirse a la venida del reino y a creer en Jesús, el evangelio viviente[8], quien “nos redimió de la ley”[9]. Por ello, es un sin sentido volver a la ley. Es colocarse no sólo bajo su regencia si no servir a dioses “que no son dioses[10]. Son “los rudimentos del mundo” que esclavizan en cuerpo y alma[11].
Adoptar la ley es despojar al evangelio de su gracia y revestirlo de nacionalismo judío. Adoptar cualquier nacionalismo jamás puede acercar a alguien al evangelio. Eso es renunciar a la adopción de hijos para hacerse esclavos de las aspiraciones políticas de los hombres. Cuando la iglesia anuncia el evangelio y los hombres creen, toman sobre sí la única marca pública que este mensaje exige: la fe y sus frutos.
Es por la fe que vivimos en el reinado de Jesús. Por esa fe relativizamos los reinos de este mundo y vivimos según las marcas del Espíritu: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, fe, mansedumbre y templanza”[12].
Cuando se habla de política, se le llama “arreglar el mundo”. Por supuesto, ¿arreglarlo, de qué? ¿arreglarlo, para qué? Y cómo arreglarlo, son asuntos que los cristianos no tenemos claro. La Iglesia se debate entre la intelectualidad y un elusivo “espiritualismo” que está muy lejos de la fe y de someter toda la vida al control del Espíritu.
¿Qué debemos saber sobre la nación y sus necesidades? El primer punto, es que Dios es el creador del gobierno humano: “sométase a toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”[13]. Si Dios es el creador del gobierno, ¿no es sabio pensar que puede ser su voluntad que sus hijos le sirvamos ahí?
Segundo, es fundamental que la Iglesia sea “sal” y “luz”[14]en todas las áreas de la vida: la radio, la televisión, los periódicos y por supuesto en la política. Pensar que no tenemos nada que hacer en la política porque está llena de hombres malos es como que un médico decidiera no enfrentar una epidemia por el riesgo de contaminarse.
Tercero, los hombres buenos deben promover la justicia. Ser “sal” y “luz” se halla en medio de la demanda de Jesús de una justicia más alta “que la de los escribas y fariseos”[15]. Es una justicia que obedece la justicia de Dios. Justicia y Misericordia es el reflejo de las características de Dios en la vida de hombre y el trato noble al ser humano, tomando al hombre como fin y nunca como escalón o medio. Job pregunta “gobernará el que aborrece el juicio”[16]. Los juicios de la tierra no pueden estar en manos de injustos sino en las manos de los hijos de Dios.
Cuarto, que hoy servimos a los demás a través del sistema de partidos políticos. Ellos se turnan en el poder por mandato del pueblo quien los premia o castiga con el voto. También servimos a la nación por medio de grupos cívicos. Estos se organizan para ejercer presión sobre los partidos políticos para exigirles que enmienden el sistema por medio e leyes y a través de medidas administrativas. ¿Por qué exigimos la reforma del gobierno? “porque es servidor de Dios para tu bien”[17].
El Estado tiene la gran responsabilidad de “llevar la espada”[18]. Es decir de usar el monopolio del poder de coacción para ordenar la vida de todos. Pero si el no tiene respeto por la vida puede abusar. Por eso es importante que todos hagamos que el Estado respete sus propias leyes y sirva a la justicia. Si eso requiere reformar leyes e instituciones es nuestro deber hacerlo: “pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo”[19].
Quinto, que existe una gran confusión entre democracia y república. Ambos elementos son complementarios y necesarios, si bien en una clara muestra de confusión, al sur del Río Grande hemos optado por la democracia escamoteando la república. Es la república y sus reglas lo que protege al ser humano (el constitucionalismo). La democracia y la voluntad popular tienen siempre la tentación de vulnerar los derechos de las personas. Sin república, la democracia sera tarde o temprano tiranía.


Sexto, la condición más noble para la vida es vivirla según una conciencia sin culpas. Por ello debemos obedecer toda norma. Cuando el sistema promueve la desobediencia a las normas va en contra de nuestra conciencia. Si un sistema mancilla la conciencia, entonces debemos todos juntos luchar por que no se mancille nuestra conciencia: “no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia”[20].
No podemos hablar de cambiar el mundo sin recordar que “el mundo pasa y sus deseos”[21]. Pero ese mundo entendido como el sistema encabezado por Satanás que deja a Dios afuera no es todo lo que hay. Está también el mundo en el que viven los hijos de Dios: “pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”[22]. ¡Ambas afirmaciones en el mismo verso!
Jesús es Señor de este mundo en tanto es su creador. De él tomamos las órdenes para hacerlo un mundo de justicia y misericordia. Si “la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción”[23], toda la vida es un llamado al discipulado de Jesucristo. Tu vida es una sola gran esfera de compromiso con el Señor. No hay esfera pública ni privada.
Los hijos De Dios no pueden vivir en un Estado que promueve pobreza violencia y corrupción y hablar de Dios en su Constitución política como si hubiera una “dios tolerante para la política”. No se trata de “un Cristo recto para el espíritu” y “un dios desordenado para el pueblo”. No podemos aceptar “un evangelio puro para la fe” y “una ley corrupta para la nación”. No se puede aceptar una “Iglesia confesante” cuya moral diaria es una negación de lo que confiesa, precisamente porque hemos aceptado que esa “ley para la nación” este gobernada por intereses y no por principios y valores.
Finalmente, el gran fondo en el que se da este discipulado es en el espíritu de paz. Paz significa “no violencia” y ambas deben entenderse en el espíritu de la bienaventuranza: “Bienaventurados los pacificadores”[24]. Sin embargo, no hay pacificadores sin “reconocer su bancarrota espiritual”[25]; sin “llanto”[26]; sin “mansedumbre”[27]; sin “hambre y sed de justicia”[28]; sin “misericordia”[29]; sin “”limpio corazón”[30]; sin “estar dispuesto a sufrir por causa de la justicia”[31].
La no-violencia definida en esos términos significa un respeto absoluto a la vida, de tal manera que controla y humaniza toda forma de trato con el prójimo. Eso constituye el fondo en el que se proyecta directamente la predicación de Jesús y su confrontación mesiánica con los poderes de Israel. Es por esa razón que “Jesús afirmó su rostro para ir a Jerusalén”[32] a morir, sin promover una revuelta violenta. Según todo lo que se puede comprobar históricamente, se dirigió a la pasión sin la menor resistencia.
Por esa misma causa, el celo Nacionalista de Zelotas en Jerusalén o el celo de su esperanza no convirtió a los primeros creyentes en rebeldes o insurrectos. La joven iglesia tampoco se adhirió al movimiento de insurrección contra Roma, justamente porque la violencia no era parte de la agenda ni de Jesús ni de los discípulos de Jesús.


[1] Isa. 40:9
[2] Isa. 52.7
[3] Mt. 3:2 y 4:17
[4] Lc. 8:1
[5] 1 Co. 1:17
[6] 1 Co. 15:3-4
[7] Gá. 4:4
[8] Mr. 1:15
[9] Gá 4:5
[10] Gá. 4:8
[11] Gá. 4:3
[12] Gá. 5:22
[13] Ro. 13:1
[14] Mt. 5:13-16
[15] Mt. 5:20
[16] Job 34:17
[17] Ro. 13:4
[18] Ro. 13:4
[19] Ro 13:4
[20] Ro. 13:5
[21] 1 Jn. 2:17
[22] 1 Jn 2:17
[23] Ro. 8:21
[24] Mt. 5:9
[25] Mt. 5:3
[26] Mt. 5:4
[27] Mt. 5:5
[28] Mt. 5:6
[29] Mt. 5:7
[30] Mt. 5:8
[31] Mt. 5:10
[32] Lc. 9:51
[33] 1 Jn. 2:17

lunes, 23 de mayo de 2011

"La idea de Dios no sirve para nada..."

Siempre llego a los coloquios académicos con la guardia baja. Es que yo voy mas interesado en la lectura asignada, en escuchar a mis colegas y en compartir lo del texto leído. No encuentro esta visión en todos mis interlocutores. Los hay más religiosos en su discurso y hay otros abiertamente propagandísticos en sus ideas ateas. Nada de eso me asusta y trato de no reaccionar para no ceder al impacto efectista de la propaganda, hasta que la irracionalidad es evidente.

El tema que discutimos el jueves pasado era la mente y el desarrollo de ella. La discusión, por parte de los interlocutores ateos, se centró en la evolución que no era ajena a la lectura pero no era el epicentro de ella. Las fragilidades metodológicas de las afirmaciones, tampoco me interesa discutirlas en ese ámbito porque es un tema que siempre he considerado asunto de presuposiciones. Se trata de “hipótesis de trabajo” dispares, cuyos supuestos se hallan en la antípoda del otro. Yo no puedo probar la creación; tú no puedes probar la evolución. Si las mutaciones conocidas van en contra de la selección natural, tu defiendes el punto, con toda candidez, diciendo que las mutaciones dañinas nos están preparando para otro ambiente en el que esos “defectos” serían perfectamente normales. Tales caprichos, poco “falseables”, son los que la filosofía señaló a la teología sin ser ciencia positiva; estos, metodológicamente, abundan en el tema "científico" aludido.

Un estimado colega dijo, en medio de tales disquisiciones, mas en serio que en broma, “la idea de Dios no sirve para nada”. Ese “efectismo” me pareció una perfecta ilustración, precisamente, de lo que K. R. Popper y F. A. Hayek no enseñan. Es una afirmación arrogante, como mucho de lo que se originó con la Ilustración, cuando el hombre hizo, de sus pequeños campos de estudio, ámbitos absolutos en los que no hay lugar para nada más. Esa des-integración y desarticulación de la realidad ha permitido poner en pugna tradición, historia y  cultura. Se contrapone naturaleza a historia, hechos a valores, lo secular a lo sagrado y las normas a la tradición. Defecto del que adolecen quienes pueden hacer análisis diacrónicos, observaciones analíticas, sin importarles mucho la historia del pensamiento que milita en su contra.

Pensarse dueño de la verdad matemática, astrofísica o biológica, no da derecho a nadie a descontar los ámbitos de conocimiento que a él no le sirven. Se trata de una actitud bastante anti liberal. Hace muchos “siglos” leí que para Popper la fe era el compañero sin crédito en las ciencias. Por eso el no temía, ni aun a los mas atravesados mitos culturales, porque podrían aportar herramientas conceptuales para descubrir la verdad científica. Ni Popper ni Hayek afirmaron la inutilidad o desutilidad de la idea de Dios. Es mas, Hayek dijo que los clérigos son los trabajadores públicos no pagados, porque al transmitir las normas y valores de la tradición, comunican importantes enseñanzas, útiles para la convivencia respetuosa entre seres humanos. 

En la revelación, esas cosas tienen un propósito didáctico y por eso, naturaleza, historia, cultura y tradición se mantienen unidas. El espinazo de la revelación es la historia, como se ve en un 70% de ella. Una historia interesada en quién es Dios y qué hace Dios. Creer que la idea de Dios, por si sola, es inutil, es una ingenuidad, porque es una idea que nunca esta sola. Es útil, precisamente, porque se hace acompañar de valores, tradiciones, historia y normas éticas. Por todo eso, la gente de fe no separa el impacto de los descubrimientos científicos sobre su fe y tampoco rechaza la ciencia sino da gracias a Dios por ella.

sábado, 21 de mayo de 2011

Yo fui el joven Juan Marcos…

Tenía quizá 17 años cuando Abel Jiatz, graduado del Instituto Bíblico Guatemalteco, me invitó a viajar con él por el occidente del país para “predicar”. Le agradecí mucho la invitación y pensé que habiendo tomado ya la decisión de estudiar teología esta oportunidad me ayudaría a entender un poco más la tarea a la que esperaba dedicarme. Me compre un libro de bosquejos, busque un libro de cómo hablar en publico, le pedía a Dios su ayuda y nos embarcamos en una “gira” de dos o tres semanas en la que se me ofrecía la oportunidad de predicar.
Fuimos a San Marcos, nos hospedamos en las pequeñas iglesias que se acercaban a la frontera con México y nos dedicamos a visitar pastores, congregaciones y familias. Yo observaba a Abel quien era un hombre joven, modesto y muy espiritual. Me advirtió que el predicaría los primeros días y luego me tocaría a mi. Yo estaba entre emocionado y atemorizado por la advertencia de Abel, pero estaba claro que debía al menos intentarlo, aun con la posibilidad de fracasar, que si bien no era una idea agradable, era peor descalificarme  sin haberlo intentado.
La tarde del día en que habría de predicar, leí el libro de bosquejos y seleccione uno. También ore reconociendo mucho temor frente a la tarea. Leí la Biblia como quien se prepara para hablar por largas horas y me atavié como si fuese un renombrado evangelista internacional. Salimos a la Iglesia, me senté perdido en algún punto en el espacio, y me fui hundiendo en la banca bajo el insoportable peso de no tener claro ni el mensaje, ni el pasaje, ni lo que decía el libro de bosquejos, ni siquiera tenía claro qué estaba haciendo ahí.
Abel dirigió los cantos y de repente, entre oraciones y alabanzas escuché mi nombre. Si, había llegado la ahora de “mi oportunidad de compartir” que tanta ilusión me despertara, y que se había convertido ahora en un temido momento. Me sudaban las manos, me temblaba el estomago y las piernas querían caminar en dirección lo mas lejano al púlpito. La voz que tenia bajo control, en ese momento deseaba no tenerla. Quizá hice una larga oración antes de empezar, seguro hice algún saludo que ahora no recuerdo y luego “empezó el mensaje”. Todas las ideas preparadas, todas las explicaciones pensadas y todos los versículos leídos, de los que iba a decir algo, fueron recorridos, probablemente, en menos de 10 minutos. De pronto descubrí, un poco tarde, en esa ocasión, que tras 10 minutos tenía muy poco o casi nada que decir. Diagnostico sencillo: “no poder, por no saber”
Terminar temprano, o parecer breve, es algo que a los oradores no se les achaca sino se les cuenta como virtud, pero yo no lo sabía. A la tarde siguiente, lleno de frustración, de pena y con un sentido profundo de fracaso, me regresé a la capital en contra de las recomendaciones de Abel. Yo no quería enfrentar esa experiencia de nuevo. Durante los próximos dos años, estudiando teología, mi ansiedad crecía porque, por diversas razones, avanzaba en la teología, pero no aprendía la quintaesencia del quehacer ministerial: la predicación. Tarde, creía yo, llegaba el curso de Predicación Expositiva II, a cargo del Dr. Oscar López. Pero, fue entonces que por primera vez creí que existía una manera de aprender a predicar y, descubrirlo, me quitó el complejo de Juan Marcos que tenía desde aquel frustrado viaje.
El profesor López presentó una metodología que parecía lógica, una organización hacedera, que prometía desarrollar la habilidad de manera concreta. Gracias a la amistosa conducción del profesor, mi interés en la homilética se convirtió en pasión por la preparación de sermones expositivos de la Biblia. Desarrollé la combinación de "una técnica" y "un arte", que distan se ser ejemplares, pero que reflejan el entusiasmo por la preparación y predicación de sermones expositivos. El Dr. Haddon W. Robinson, profesor del Dr. López, se convirtió, sin saberlo, en una inspiración y en tutor de un estudiante anónimo sobre este tema. Mi blog, “Predica punto blog”, surgió como un modesto aporte para todo aquel que, como éste Juan Marcos, por muchos años, pensó que predicar era una tarea imposible. SOLI DEO GLORIA!