miércoles, 10 de marzo de 2010

Calvino, sobre la cultura, la civilización y el orden en el mundo


Este trabajo consiste en algunas citas de las Instituciones de Juan Calvino sobre la presencia del Espíritu Santo en el mundo.
Los antecedentes de la Reforma protestante
Los reformadores, hijos del renacimiento, mantuvieron un claro aprecio por el desarrollo de la cultura, el conocimiento y el desarrollo de útiles de civilización:
Las obtuvieron en buena parte del humanismo o studia humanitatis, que surgió en 1350. Para los Reformadores, la cronología de la historia antigua, hizo evidente la acción  de un Dios soberano en toda la historia. Los Reformadores  estudiaron historia, critica literaria, gramática, poesía, filología y retórica. Estos conocimientos incluían el punto de vista de los antiguos textos grecoromanos.  Dicho de otra manera, los reformadores eran conocedores de  la doctrina política de Platón y Aristóteles. Esa enseñanza de los griegos que coincide, en términos generales, con la libertad y derechos que el Antiguo y Nuevo Testamentos asignan al hombre  [Guillermo W. Méndez, “Incidencia histórica de la Reforma protestante y sus lecciones para Iberomérica”. Trabajo presentado en la Universidad Evangélica de El Salvador, 31 de octubre, 2001. Pág. 6]

Esto sirve de trasfondo a la idea de la gracia común de los teólogos reformados. Las Instituciones de Calvino ofrecen diecisiete páginas de citas de los padres, incluyendo a veinticinco Concilios, diferentes homilias, cartas y tratados de practicamente todos los padres de la Iglesia, de oriente y de occidente, y a muchos papas, hasta llegar a los escolásticos. [Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana. Págs. 1217-1234. Indice de obras y personajes citados].
La enseñanza Reformada
En la tradición protestante, los reformados hablan del concepto de gracia común, en contraste con la gracia eficaz. Por gracia eficaz, Calvino entiende aquella operación de Dios en el creyente que le lleva a la Salvación. Por gracia común se entiende la benefactora mano de Dios que ha dado a todos los hombres inteligencia, gusto por lo espiritual y capacidad para la técnica y sabiduría que desarrolla el mundo. Dice Calvino:
Decir que el entendimiento está tan ciego, que carece en absoluto de inteligencia respecto a todas las cosas del mundo, repugnaría, no solo a la Palabra de Dios, sino también a la experiencia de cada día. Pues vemos que en la naturaleza humana existe un cierto deseo de investigar la verdad, hacia la cual no sentirían tanta inclinación si antes no tuviese gusto por ella. Es, pues, ya un destello de luz en el espíritu del hombre este natural amor a la verdad. [Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, Libro II, Capitulo II, sección 12]
Calvino luego pasa a advertir sobre el orgullo y soberbia del hombre frente a sus propias obras. No obstante vuelve sobre el tema, en los términos siguientes:
Sin embargo, cuando el entendimiento del hombre se esfuerza en conseguir algo, su esfuerzo no es tan vano que no logre nada, especialmente cuando se trata de cosas inferiores [la tradición inglesa reza “objetos inferiores”]. Igualmente, no es tan estúpido y tonto que no sepa gustar algo de las cosas celestiales, aunque es muy negligente en investigarlas [Libro II, Capítulo II, sección 13].
Advierte Calvino que el ser humano no tiene la misma facilidad para las unas que para las otras. Pero, respecto a la vida en sociedad, de nuevo agrega:
Llamo cosas terrenas a las que no se refieren a Dios, ni a su reino, ni a la verdadera justicia y bienaventuranza de la vida eterna, sino que están ligadas a la vida presente y en cierto modo quedan dentro de sus límites... Bajo la primera clase se comprende el gobierno del Estado, la dirección de la propia familia, las artes mecánicas y liberales. A la segunda hay que referir el conocimiento de Dios y de su divina voluntad, y la regla de conformar nuestra vida con ella.
En cuanto a la primera especie hay que confesar que como el hombre es por su misma naturaleza sociable, siente una inclinación natural a establecer y conservar la compañía de sus semejantes. Por eso vemos que existen ideas generales de honestidad y de orden en el entendimiento de todos los hombres. Y de aquí que no haya ninguno que no comprenda que las agrupaciones de hombres han de regirse por leyes, y no tenga algún principio de las mismas en su entendimiento [Libro II, Capítulo II, sección 13].
Agrega Calvino:
En cuanto a las artes, así mecánicas como liberales, puesto que en nosotros hay cierta aptitud para aprenderlas, se ve también por ellas que  el entendimiento humano posee alguna virtud… Además no solo tiene virtud y facilidad para aprenderlas, sino que vemos a diario que cada cual inventa algo nuevo, o perfecciona lo que los otros le enseñaron… aunque Platón se engañó pensado que ésta comprensión no era mas que acordarse de lo que el alma sabía ya… sin embargo, la razón nos fuerza a confesar que hay como cierto principio de estas cosas esculpido en el entendimiento humano.
Estos ejemplos demuestran que existe cierto conocimiento general del entendimiento y de la razón, naturalmente impreso en todos los hombres; conocimiento tan universal, que cada uno en particular debe reconocerlo como una gracia peculiar de Dios [Libro II, Capítulo II, sección 14].
Aclara Calvino que toda verdad  y conocimiento tiene origen en el Espíritu de Dios:
Por lo tanto, cuando al leer los escritores paganos vemos en ellos esta admirable luz de la verdad que resplandece en sus escritos, ello nos debe servir de testimonio de que el entendimiento humano, por mas que haya caído y degenerado de su integridad y perfección, sin  embargo no deja de estar aun adornado y enriquecido con excelentes dones de Dios. Si reconocemos al Espíritu de Dios por única fuente y manantial de la verdad, no desecharemos  ni menospreciaremos la verdad donde quiera que la halláremos; a no ser que queramos hacer una injuria al Espíritu de Dios, porque los dones del Espíritu no pueden ser menospreciados sin que Él mismo sea menospreciado y rebajado [Libro II, Capítulo II, sección 15].
Luego al elaborar sobre la claridad de juristas antiguos, sus leyes y don de justicia, pregunta Calvino: “¿creeremos que exista cosa alguna digna de alabanza que no proceda de Dios?”, y agrega inmediatamente:
Sin embargo, no hay que olvidar que todas estas cosas son dones excelentes del Espíritu Santo, que dispensa a quien quiere, para el bien del género humano. Porque así  fue necesario que el Espíritu de Dios inspirase a Bezaleel y Aholiab la inteligencia y arte requeridos para fabricar el tabernáculo (Ex.31:2; 35:30-40).
Si alguno objeta ¿qué tiene que ver el Espíritu de Dios con los impíos, tan alejados de Dios? respondo que, al decir que el Espíritu de Dios reside únicamente en los fieles, ha de entenderse del Espíritu de santificación, por el cual somos consagrados a Dios como templos suyos. Pero entre tanto, Dios no cesa de llenar, vivificar y mover con la virtud de ese mismo Espíritu a todas sus criaturas; y ello conforme a la naturaleza que a cada una de ellas le dio al crearlas. Si, pues, Dios ha querido que los infieles nos sirviesen para entender la física, la dialéctica, las matemáticas y otras ciencias, sirvámonos de ellos en esto, temiendo que nuestra negligencia sea castigada si despreciamos los dones de Dios doquiera que nos fueren ofrecidos [Libro II, Capítulo II, sección 16].
De estas citas de la obra de Calvino de fines del siglo XVI, hay muchas cosas que pueden colegirse. Lo obvio primero: que la depravación total de la enseñanza reformada nada tiene que ver con el avance y crecimiento de la cultura humana. Simplemente dicho, la “depravación” significa, no que el hombre sea tan perverso como podría ser, sino que el hombre no puede hacer cosa alguna que le recomiende delante de Dios para los fines de la salvación. Pero, es  equivocado creer que la “depravación” incluye todas las buenas obras que todos los hombres hacen todo el tiempo. 
Luego, en cuanto a la “gracia común”, nombre con que los teólogos reformados identificaron a esta enseñanza de Calvino, esta repartida entre todos los hombres, en todas las comunidades del mundo. En vena reformada, este discernimiento y habilidad técnica no necesariamente incluye la urgencia del hombre de buscar a Dios, de arrepentirse ni de sujetarse a su ley. Eso también se colige del contexto de estas citas, pues Calvino nunca llega a confundir civilización con salvación eterna.

sábado, 16 de enero de 2010

La Biblia y el terremoto en Haití

¿Es la tragedia de un pueblo una bendición disfrazada? El pastor Pat Robertson, en su Cadena de Televisión, opinaba que el terremoto de Haití lo produjo el paganismo de esa nación, "que celebró, en algún momento, pacto con el diablo, a cambio de ser liberados de los franceses". No deja de inquietar que, interpretaciones como las de Robertson, parecen sugerir que los pecados de los paganos tradicionales, los pobres, son peores que los pecados de los “neopaganos”, las naciones ricas.

Los terremotos se han repetido en nuestra geografía recientemente. En 1972 le tocó a Nicaragua; en 1976 Guatemala fue devastada; en el 2001 y en el 2009 fue sacudido El Salvador. En 1985 y en el 2009 le tocó a México; en 2007, 2008 y 2009 la tragedia visitó al Perú. Nos detenemos ahí por que la lista es larga. ¿Tienen significado teológico estas tragedias?

¿Puede Dios juzgar a un pueblo con un terremoto? ¿Quiere Dios hacerlo? Para empezar, aceptemos lo obvio, estos terremotos han sucedido, son hechos innegables. Si creemos que ningún evento escapa el control de Dios, tendremos que aceptar que un terremoto no toma a Dios por sorpresa. La Biblia afirma que Dios es soberano y, si el quiere, puede actuar así. En todo caso, no creemos que sea un juicio más grave que el que merecen las naciones prósperas que se han alejado de Dios.

Por otro lado, los ciclos de tragedia de la tierra son parte de la maldición que la desobediencia de nuestros primeros padres atrajo sobre ella. Ríos que salen de sus causes; lluvias prolongadas que inundan la tierra; sunamis y terremotos, traen a la memoria del hombre, que ecológicamente, este no es el mejor de los mundos posibles, como dijera Voltaire, frente al mas destructivo terremoto de su día, el terremoto de Lisboa de 1755.

Tampoco es cierto que todos los hombres respondan en fe frente a una catástrofe. El caso de Voltaire, removido de los hechos, desde Francia, acentúa su incredulidad frente a esa catástrofe de su siglo. En todo caso, es el remanente, el resto santo, el piadoso, quien responde en fe, frente a las bravatas de la naturaleza.

Ciertamente, usando estándares teológicos, Haití exhibía grandes niveles de idolatría. Pero los hay también en Londres, Zúrich o Nueva York. Los dioses varían, en unos son esculturas, en otros son la belleza, la inteligencia y el dinero. En los países “cultos”, la salud, la tecnología, el materialismo y el poder, son dioses. Uno y otro paganismo merecen el juicio de Dios, porque destruyen al ser humano y se olvidan de Dios. Esa es la razón por la que Dios juzga a los pueblos. No por su tecnología, ni por su conocimiento, ni por los avances en la carrera espacial. Dios juzga al hombre por lo que hace contra el hombre y por el lugar que da a Dios en su instituciones y actitudes.

Frank Etienne, el artista haitiano que mejor captura la muerte de las instituciones en su país dice “en Europa hay caos, aquí hay anarquía”. En donde no hay justicia, no hay instituciones, no hay familias, en donde prevalece la cultura de la muerte y los hombres se hayan sepultados en la indiferencia al prójimo, en la desidia y en el despropósito total, quizá la medida extrema de Dios, sea despertarlos de “la muerte en vida” que llevan encima.

Yo no veo en esa descripción que hice una gran diferencia frente a Guatemala, con sus 6,500 muertos al año. Una Iglesia ineficaz que predica vida en el mas allá, en medio de una cultura de muerte. No es diferencia de naturaleza, será de grado nada más. Vivimos con la misma apatía al prójimo, la misma desidia y despropósito total. Si el púlpito no truena, rugirá la tierra. Si el corazón no gime por Dios, palpitará el subsuelo.

Si Dios habla asi a una nación que se encuentra en ese estado, será un llamado de misericordia. El dice despierten, que es hora de cambiar. Eso, mientras las naciones prósperas, se complacen en los mismos pecados y exhiben, en su aparente bienestar, su propio juicio, siendo objeto del olvido de Dios. Cuando la tierra brama y cuando no, Dios sigue siendo, igualmente, misericordioso.

domingo, 3 de enero de 2010

La Biblia y el principio y fin del mundo

¿Qué dice la Biblia sobre el fin del mundo? Este tópico parece tenebroso al empezar un nuevo año. Pero por vía de justificación, permítasenos decir que esta temática es fuertemente sugerida por los astrofísicos. En efecto, es ahora la ciencia la que plantea el tema del fin del mundo. Pero la ciencia al plantearse el fin lo hace teniendo en mente los orígenes del universo. Ni mas ni menos que como la Biblia, la ciencia se refiere a ambos temas. El interés de los científicos en los origenes y en el fin de la tierra nos invita a reflexionar sobre lo mismo. Nos sorprende la coincidencia que los cientificos muestran con el punto de vista bíblico.

El tema de los orígenes se haya claramente enseñado en la Biblia. Dios es el autor de todo cuanto existe, expresado vigorosamente en el “merismo”, figura hebrea presente en el primer verso de Génesis: “en el principio creo Dios los cielos y la tierra”. Consiste el merismo en la mención de dos planos opuestos para incluir todo lo que se haya comprendido entre ellos.

En Génesis 1 y 2 se afirma la soberanía de Dios sobre la creación. En el plano de la creación es donde se proyecta la elección de Dios sobre la vida de los hombres. La elección y la gracia de Dios suceden en el ámbito de la creación. La palabra creativa, µyhil¿aÔ rm,aYœw"" waomer Elohim, ‘y dijo Dios’, tan patente en los primeros dos capítulos del Génesis, reitera la soberanía divina y explica porque Dios tiene derechos sobre los hombres y su mundo desde el momento de su creación. En lo sucesivo, la lectura somera de las Escrituras revela términos como llamar, apartar, conocer, que son el lenguaje mismo de la elección (Gn. 12:1-3; 15:1-21; 17:1-22; 18:17-19; 22:15-18; 26:2-5, 24; 28:13-15).

De la misma manera, la Biblia habla de un mudar la creación. Pero este cambio consiste en un juicio divino y por ello no ocurrirá sin alguna forma de cataclismo. Por eso leemos que "cielo y tierra pasarán" (Mt. 24:35), huirán ante el rostro "del que está sentado en el trono" y "ningún lugar se encontró para ellos" (Ap. 20:11); el cielo y la tierra serán sacudidos y removidos de su lugar (Hch. 12:26s); serán enrollados como un pergamino (Is. 34:4); envejecerán como un vestido gastado (Is. 51:6; Sal. 102:26); y serán consumidos por fuego (2 P: 3:7,10).

Algunos científicos postulan que el Big Bang es el origen del universo. Se lo describe como una gigantesca liberación de energía que dio origen a los planetas, galaxias, estrellas lejanas y soles. Pero, aseguran también que las puso en movimiento y que el rumbo que tales estrellas llevan o la velocidad con la que se alejan unos de otros, es producto de esa inimaginable liberación de energía inicial.

En cuanto al fin de la vida, la ciencia dice que concurre con esa misma tendencia a la disgregación o separación de los planetas frente a sus soles y sistemas. Por ello llegará a terminarse la vida en la tierra en medio de grandes cataclismos debatiéndose si por frio o excesivo calor.

Podría decirse que, hasta aquí, en cuanto al punto de inicio y fin de la tierra en líneas muy generales, los científicos y la Biblia coinciden. Sin embargo, lo sorprendente es que Dios no solo anuncia el juicio sino promete una nueva creación más espectacular y admirable que la primera (Is. 65:17-25, 66:22ss, cf. 11:6-9, 43:18s, 44.6s, 48:6s, cf. Am. 9:13s, Ez. 47:1-12, Os. 2:18-23). Hasta ahí no llega la ciencia, porque esta es la palabra de esperanza que la Biblia ofrece a los que creen. Por eso, esta es una buena reflexión para iniciar el año 2010.

domingo, 20 de diciembre de 2009

La Biblia y la venida de Jesús al mundo


¿Es comprobable la historicidad de los evangelios? Los evangelios no se hicieron populares en el cuarto siglo o por razones políticas como se dice hoy popularmente. Al contrario, los evangelios eran importantes para el cristianismo a principios del siglo segundo, poco tiempo después de haber sido escritos. Por ejemplo, Irineo, quien representa una tradición de Asia Menor de un tiempo anterior a él, menciona los cuatro evangelios alrededor del año 180 d. C. Su testimonio, esta compuesto de un cúmulo de tradiciones de principios del siglo segundo, que reproducen referencias a los evangelios.
Entre ellos se encuentra Justino Martir, que en su obra Apología, enumera los cuatro evangelios, por el año 150. Entre otros, también se encuetran Tertuliano, Clemente Alejandría y Teófilo de Antioquia. De modo que al final del segundo siglo, los evangelios eran bien conocidos en todo el Imperio Romano, en todas las comunidades cristianas. La duda sobre esto proviene de los errores que El Codigo Da Vincci, de Dan Brown, toma del vulgo y difunde engañando a creyentes e incrédulos por igual.
No habría razón política en esta época, anterior al año 311, que justificara la formación y amplia difusión de los evangelios. En esta época, las comunidades cristianas eran perseguidas, por ejemplo  gracias al Edicto del emperador Valerio. Nadie en la comunidad cristiana tenía suficiente poder político para hacer que los evangelios fuesen creados y menos conocidos simultáneamente en todo el imperio romano como sucedió. Y un dato muy importante, fuesen conocidos bajo un mismo nombre y formato como revela hoy la crítica textual. Este es un dato importante si se toma en cuenta que bajo la ley romana no había libertad de hacer discípulos.
La fuente más importante para atestiguar las lecturas más tempranas de los evangelios es Justino, alrededor del año 150, quien relata que los cristianos se reúnen para orar, luego leen un pasaje de los evangelios o de los profetas, luego hacen oración, luego hacen una exégesis formal del pasaje leído y, finalmente, se celebra la eucaristía. Este es el primer orden de culto del que tenemos conocimiento gracias a Justino. Se trata de una obra escrita para el emperador, en la que se refiere a las “Memorias de los apóstoles” y en la cual aclara que los creyentes no son criminales. La obra de Justino es el "Dialogo con Trifo".
Hubo muchos evangelios tardíos, apócrifos y sin el reconocimiento de los cristianos que tuvieron los cuatro evangelios. Los cuatro evangelios canónigos son absolutamente confiables y si bien hay diferencias entre ellos, estas son de carácter literario. El estilo, la retorica y la perspectiva son diferentes, pero todos son absolutamente coherentes en lo que comunican. Se debe recordar que los evangelistas son más teólogos que periodistas, si bien todos mantienen la misma perspectiva histórica.
Para la historicidad de Cristo, quizá sea Marcos el evanglio mas importante, en tanto Papías nos dice que Marcos recogió el testimonio del apóstol Pedro. Luego Lucas viene después en importancia, en tanto nos relata la formación del movimiento misionero en Hechos, de lo cual su evangelio es el primer tomo. Mateo es importante por trazar el puente entre el judaísmo y la Iglesia cristiana. Juan viene después en tanto su perspectiva es más teológica.
Al hablar del nacimiento de Jesús, su presencia no es un meteorito inesperado. Al contrario, las profecías del mesías se encuentran a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Su persona, su misión y sus hechos son de los acontecimientos mejor atestiguados del mundo antiguo. La discusión acerca de la fecha de su nacimiento incluye los testimonios de Hipolito en el siglo II y de Juan Crisóstomo en el siglo IV, ambos señalando el 25 de diciembre. Biblicamente hablando, no hay evidencia que dispute ese testimonio.

lunes, 7 de diciembre de 2009

La Biblia y los supuestos “eslabones perdidos”

La teoría de evolución asume con gran generosidad que los eslabones perdidos existen. Describe sus costumbres, herramientas y edades con gran naturalidad. La verdad es que nada sabemos de dichos seres porque se trata de 1. Unos pocos huesos de los cuales se proyecta la posible estructura total de un homínido; 2. Dichos huesos no son necesariamente humanos o por lo menos, no son necesariamente de un humano normal; 3. La apariencia de antigüedad no riñe con la idea bíblica de una creación madura, o con apariencia de edad.


Hombre de Neanderthal: Fue descubierto en Alemania, en el valle del río Neander, en 1856, cuando se extraía piedra caliza de una cueva. Cuántos huesos había en la cueva no importa ahora, lo que tenemos como evidencia de dicho “hombre”, son unos catorce huesos, incluida la calavera. Al estudiarlas se asume una actitud que para nada se parece a la medicina forense, en tanto se asume, con sesgo, que son piezas humanas en donde se requiere que lo sean y animales en donde se necesite esa conclusión.


¿Eran todos los huesos de la cueva de Neanderthal claramente humanos? No sabemos con certeza, pues podia tratarse de algunos huesos animales. La calavera difería de la del hombre actual, defecto que puede deberse al raquitismo u otra enfermedad congénita. En efecto, tenía unas marcadas “cejas óseas”, frente y barbilla hundidas y una dentadura de prominencia insólita. Razon por la que desde el principio se discutió si era un individuo con alguna afección ósea o realmente era un animal. El principal defensor de la tesis de un hombre primitivo fue el antropólogo francés Pierre-Paul Broca (1824-1880), cuyo criterio terminó imponiéndose.


Hombre de Cro-Magnon: En 1868, el paleontólogo francés Édouard Hippolyte Lartet (1801-1871) descubrió cuatro esqueletos humanos en una cueva llamada Cro-Magnon, razón a la que debe su nombre. El fechado con carbono 14, llegó a asumir unos 35,000 años de antigüedad. Se ha establecido que el hombre de cro-Magnon era realmente el mismo hombre actual, razón por la que algunos lo descartan como eslabón hacia una subespecie.


Hombre de Java: Unos 34 años después del neanderthal, el paleontólogo holandés Marie Eugéne François Thomas Dubois (1858-1941), que servía en el ejército, consiguió ser trasladado a la isla de Java. Tuvo una “suerte increíble”, pues en 1890, descubrió una bóveda craneana (o sea la parte superior), un fémur y dos dientes. El llegó a la conclusión de que se trataba del más primitivo organismo homínido hallado hasta entonces


Es importante notar que Dubois tenía la convicción de que los humanos primitivos se hallarían en donde estaban ahora los monos antropoides: en regiones de Áfríca y del sudeste de Asia. De modo que su llegada al archipiélago de indonesia, entonces colonia holandesa, no es casualidad, era un asunto provocado por su “olfato particular” sobre el tema. Resulta que tras llegar a una de las Islas, su "suerte" es tal que descubre al "hombre" de Java. El suponía ya de ante mano qué buscar y en dónde buscar lo cual le llevaría a concluir que lo hallado era un eslabon perdido.


Con cuatro huesos, se armó todo el Pithecanthropus erectus. Dubois llamó a ese organismo (mono-hombre erecto), pues el fémur era "lo bastante humano" como para suponer que el homínido caminaba en posición erecta, como nosotros. Si bien, la bóveda craneana revelaba "un cerebro del mismo tamaño que el nuestro", algunos discuten si era tres quintas partes menor. Asunto dificil de dilucidar con una fracción del cráneo.


No obstante, la popularidad de estos “eslabones perdidos”, debe reconocerse que cuando la evidencia no existe, aparece la antropología y la paleontología para salvar a los eslabones. Ellas les atribuyen artefactos, culturas y costumbres particulares. Gran imaginación proyectada con la sombra de unos pocos huesos, en complicidad feliz con la teoría de Darwin. Qué duda cabe que cuando se quiere creer en algo, no importa que, se cree. Por eso, la “educación” y la “ciencia” que enseñan a nuestros hijos, debe ser cuestionada.