domingo, 24 de octubre de 2010

Fruto evangelístico


Tercer compromiso
Mantener unido el evangelismo y el discipulado
Problema: DECIMOS QUE HAY QUE CREER PERO NO DECIMOS QUE HAY QUE CAMBIAR

¿No hemos diluidos el evangelio cuando todo mensaje es evangelístico? ¿No hemos trivializado el evangelio cuando el único llamado de la iglesia es a creer sin dar frutos?

Evangelizar es darle a cada persona una oportunidad directa de decirle si o no a Jesucristo. Empapelar ciudades y gritar por megáfonos no es sinónimo de evangelizar. La persona, se halle en grupo o sola, debe tener la oportunidad de entender qué es el evangelio. El resumen mas breve del evangelio es el que presentamos al moribundo, “Dios te ama profundamente, pero tus pecados te separan de Dios, Jesús murió por ti, cree en él y tendrás vida eterna, reconócele como salvador”.

Ese evangelio en veinticinco palabras contienen lo siguiente: el supremo amor de Dios por el pecador (Jn.3:16); el pecado que nos separa de la gloria de Dios (Ro.3:23). Jesús pagó con su vida y somos salvos por la vida y la muerte de Jesús que se resume en todo el estadio de su humillación por nuestro pecado (Fil.2:6-8). La muerte de Jesús es sustitutiva, el murió en el lugar que nosotros merecíamos (2Co.5:21). El requisito que abundantemente repite el Nuevo Testamento para obtener la justicia y perdón de Dios es sólo creer (Ef.2:8). Esta es la explicación “extendida” del evangelio.  

Pero no siempre presentamos el evangelio al moribundo. Generalmente, lo presentamos a gente que tiene hábitos que romper, costos que pagar, y una cruz que llevar. Por eso el llamado supremo no es evangelizar, es hacer discípulos y al discípulo bástale ser como su maestro (Mt.10:25). Tres textos explican esto: Dios nos predestinó para ser hechos conforme a la imagen de su hijo (Ro 8:29). Mirando como en un espejo la gloria del señor somos transformados en la misma imagen suya (2Co.3:18). Sabemos que cuando el se manifieste seremos semejantes a el porque le veremos tal como él es (2Jn.3:2).

El evangelismo con fruto es más que números, es que los creyentes sean como Jesús. El fruto que importa es el de los convertidos y no el del evangelista. Es el fruto del Espíritu en aquellos que han creído (Gá.5:22-23). Es que el recién convertido “crea y obedezca su palabra para llevar mucho fruto” (Jn.15:1-11). Cuando el único llamado de la iglesia es a creer, al punto que se pierde de vista la obediencia de los que han creído, tanto los de adentro como los de afuera terminan por no creer. Porque si tras creer, no tengo un creer para algo, solo queda preguntarse entonces ¿para qué tengo que creer? 

Hemos predicado a moribundos, que a penas han creído, y así les hemos dejado, han quedado en estado de coma espiritual, sin suficientes recursos para entender la hermosa vida que Dios tiene preparada para ellos, la cual se resume en “vida en abundancia”, porque es nada menos que la misma vida del hijo, en el poder de la resurrección, con el fruto del Espíritu (Gá2:20; Jn.14:23). No separaremos más evangelismo y discipulado.

Renovar el evangelismo requiere primero renovar la teología del evangelismo y la conservación de resultados. Los resultados mejor conservados son los que en lugar de vegetar crecen en buenas obras: “y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch.2:42). Evangelismo con fruto es integrar creyentes a la oración, comunión y enseñanza, a fin de que “el señor añada cada día a los que habrán de ser salvos”, a fin de que estos a su vez se multipliquen (Hch.2:42-47).

miércoles, 20 de octubre de 2010

Pasión espiritual

Segundo compromiso
Mantener unidas la responsabilidad, la libertad y la piedad
Problema: DECIMOS QUE HAY QUE ORAR PERO NO RELACIONAMOS LA PIEDAD CON LA LIBERTAD

¿Cómo define usted espiritualidad para su iglesia? ¿incluye la espiritualidad toda la vida del creyente o solo la religiosa? ¿Están adentro o afuera de la espiritualidad las emociones, la voluntad y el pensamiento? ¿Esta la casa, el trabajo y la recreación dentro de la espiritualidad? ¿Tiene la espiritualidad algo que ver con el mundo o sólo con la Iglesia?

No hay pasión espiritual en donde no hay amor. Amar en la Biblia no es cosa de sentimientos, es una decisión del corazón. Es la voluntad la que escoge qué amamos y con qué intensidad. ¿Por qué el juicio que consiste en visitar la maldad de los padres hasta la tercera y cuarta generación se da en el contexto de no honrar e inclinarse ante otros dioses? Porque la indiferencia a Dios se aprende de padres a hijos, es asunto generacional. Ese es el pecado en Éxodo 20:5, se refiere a “los que me aborrecen” (indiferentes) dice Dios. Pero en el v. 6 dice, “hago misericordia a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

La pasión espiritual no consiste en practicar los dones espirituales. Se trata no de dones ni “unciones”, si no del amor. Pablo lo dijo, “El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia se acabará”.  El amor que esta en juego aquí es el amor al prójimo, que se basa en el amor a Dios.  No hay pasión espiritual en donde no se "ama a Dios con toda la mente, y con todas las fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo".

Esa es la pasión espiritual, la de vidas obedientes y transformadas, que el Espíritu Santo controla para amar a Dios y al prójimo. El amor se traduce a pasión espiritual cuando Dios es la primera y máxima realidad en nuestra vida. Pero eso tiene una expresión muy concreta: Si me amáis guardad mis mandamientos (Jn.14:15); “El que me ama, mi palabra guardará” (Jn.14:21). Este pasaje relaciona el amor a Dios y el guardar su palabra, con algo más, un nuevo auxilio que Jesús ofrece: el paracleto que confirma el ejercicio del amor. Eso es pasión espiritual.

No podemos hablar de pasión espiritual en donde la iglesia no ama a Dios ni manifiesta sus mandamientos al mundo; la iglesia pertenece a Dios: Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad (Jn.17:17). El contenido de la espiritualidad en donde Dios es la primera y máxima realidad incluyó para los Reformadores: santificar la creación, al ser humano y la mente del creyente como los ámbitos por excelencia sobre los cuales Dios se propone construir la fe personal y manifestarse al mundo. En ese marco, es en donde cada creyente tiene la responsabilidad de evaluar su propia integridad.

Tres temas trajinan toda la vida espiritual en perspectiva bíblica: la práctica de la libertad, de la responsabilidad y de la piedad. Tres ejes cortan a lo largo de todas estas prácticas: la oración, la Palabra y el Espíritu Santo. ¿Cual es la meta de todo esto? Ser como Cristo. Por eso, nuestra predicación, nuestros programas, nuestra adoración y nuestras actividades deben traducir esta pasión por el Señor a formas concretas de comunicar el discipulado.

¿Tiene mi iglesia suficiente información para actuar en las áreas que he mencionado? ¿Define la iglesia la espiritualidad en términos de amor? ¿Tiene claro la iglesia las necesidades personales que existen afuera de la Iglesia? ¿Qué formas concretas de acción toma el amor a Dios? ¿Qué puede la iglesia hacer por el prójimo en la comunidad.

domingo, 17 de octubre de 2010

Centralidad de la palabra de Dios


 Primer compromiso
Mantener unidos el conocimiento bíblico y la predicación
Problema: PREDICAMOS MUCHO PERO NO CONOCEMOS BIEN LA BIBLIA

¿Cómo usamos la Biblia en nuestro ministerio? ¿Somos expertos en aquello que deberíamos ser? ¿Cuándo Dios nos llamó a qué le dijimos si? ¿No nos apartó para predicar y enseñar? ¿Es usted pastor o se ha dedicado a servir las mesas? ¿Recuerda Hechos 6? Hay pastores que prefieren ser constructores, administradores, sanadores, visitadores, menos predicadores. Lea de nuevo Hechos 6

Para cumplir con ese compromiso tenemos el don de Dios: “Toda la escritura es inspirada por Dios y útil, para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia a fin de que el hombre de Dios sea enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Tim. 3:16
Lo más íntimo que tiene usted de una persona es su aliento, fresco y cercano. La palabra de Dios es eso. Es el hálito divino, es la respiración de Dios, es Dios hablando al oído a su hijo amado.  

Tenemos un contenido en esas palabras. Dios guió a sus santos a escribir en ella todo aquello que el quería que nosotros entendiéramos. 2 Timoteo 3:16 se refiere al Antiguo Testamento, Efesios 2:20 se refiere al Nuevo: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”. La Biblia es un libro fundamentalmente cristiano. Ambos testamentos apuntan a Cristo. Por supuesto, muchos espiritualizan el Antiguo Testamento poniendo a Cristo en donde no esta. Otros no lo muestran ni siquiera en donde claramente aparece proféticamente. Cristo es la unidad de ambos testamentos: Gn. 49:10; Dt. 28:20 cp. 34:7;

Yo he descubierto que muchos nos sentimos inseguros precisamente en aquello a lo cual nos dedicamos. Un pastor recientemente me dijo: hermano, la razón por la que no predicamos expositivamente es porque no conocemos bien la Biblia. ¡Eso fuer revelador para mi! Fue la cosa más iluminadora que he escuchado, porque me permite proponer soluciones. Para predicar primero debemos saber bien de aquello que predicamos. Podemos conocer los argumentos de los libros de la Biblia: ¿Cómo? Coleccione, compare y estudie bosquejos de cada libro de la Biblia. Ha visto como se organizan los libros en torno a un tema y se divide en capítulos y vs. Pues ahí tenemos una posible solución.

Coleccione esos bosquejos, cópielos, compárelos, estúdielos, ¿en qué se diferencia el de este autor con el de aquel otro? Ese es el estudio sintético y nada mejor que el método sintético para conocer el argumento de los libros bíblicos. ¿Donde encontrar los bosquejos? En biblias de estudio, en comentarios y en diccionarios bíblicos. Léalos, entiéndalos y diagrámelos, a ver cómo se resume el mensaje del texto de manera visual.

Predicamos no para hacer a la Biblia pertinente, si no para mostrar qué es pertinente. Es posible dedicarse a dar información que nadie pidió y contestar preguntas que nadie esta haciendo, y en el proceso olvidar la pregunta más importante del oyente: ¿qué significa esto para mí?  Esa pregunta se responde señalando en dónde se enfrenta el problema, cuándo suele presentarse y cómo puede resolverse. Esto se elabora no en lugar de la explicación del pasaje, sino como un derivado directo de ella. 

Además, es posible dar conceptos y no mostrar en dónde se encuentran en la vida. Tome nota cómo otros ilustran conceptos. Lleve un inventario de ilustraciones. Acuda a los ejemplos más simples de la vida para mostrar una idea. ¡No lo diga, muéstrelo!

domingo, 10 de octubre de 2010

Una iglesia que enseña responsabilidad

Introducción
Para conmover a una ciudad debemos mover a la Iglesia. Solo el liderazgo que sueña grandes sueños, mueve a la Iglesia y se mantiene despierto y atento. Un liderazgo sin grandes sueños, no produce grandes despertares y esta en peligro de no salir del coma.   

¿Cómo sabe usted que su iglesia no puede crecer más? ¿Cómo sabe usted que usted ya alcanzó el límite de sus posibilidades? ¿De qué esta hecha la vida cristiana, de las limitaciones del ser humano o del poder de Dios? Yo no vengo a desafiarlo a romper moldes y quebrantar reglas. Mi intención es más modesta. Solo quiero hacerlo pensar.

Cinco por ciento de las personas piensan, y quince por ciento creen que piensan y ochenta por ciento preferirían morirse antes que pensar, decia el predicador Tim Timmons.  Pero si usted decide pensar no habrá quien lo detenga. Por eso creo que mi misión como maestro es pedirle a la gente que deje de ser del ochenta por ciento y se vuelva verdaderamente del cinco por ciento.

 El doctor Howard Hendricks, profesor de ministerio cristiano en una escuela que asistí,  cuenta de la señora Dickens. Tenía ella 90 años cuando le dijo “Hendricks ¿cuáles son los últimos cinco libros que has leído”? Cuando celebró su fiesta de cumpleaños número 90, compartió con sus invitados las metas de su vida para los próximos 10 años. El Dr. Hendricks cuenta que la señora Dickens murió, pero ella estaba realmente viva, a diferencia de otros que están muertos pero no serán enterrados sino dentro de 40 años.

Mover a la iglesia y conmover a la ciudad solo podrá hacerse por gente como la señora Dickens, que este realmente viva. No basta con que la Iglesia reclame tener vida eterna, es importante que la Iglesia este viva, y más importante aún, que la iglesia se avive, y que esa vida sea para entender los propósitos de Dios. “Oh Señor, aviva tu obra en medio de los tiempos” dijo Habacuc. Cuando Habacuc (3:2) oró así no estaba pidiendo prosperidad sino juicio. Dios le había revelado que los caldeos se las cobrarían todas en nombre de Dios y Habacuc dice señor que se cumpla tu voluntad para esta nación 

Esa es la ventaja de orar y predicar proféticamente. Estamos pidiendo lo que Dios quiere hacer y no lo que al hombre le apetece. Tú  tienes que redescubrir los profetas si quieres un avivamiento en Guatemala. Dios quiere todas tus posibilidades, todas tus capacidades, todas tus fuerzas, toda tu inteligencia, porque la tarea que tenemos es muy grande: conmover a una ciudad, convertir a una iglesia y transformar un país. Ese es el desafío que tenemos.

Para eso, Dios nos ha dado grandes recursos y los vamos a usar. Tenemos la oración, la palabra y el poder del Espíritu. Tenemos una agenda clara: ser discípulos que son como Cristo. No digo “hacer”, porque para “hacer” algo primero tenemos que saber en consiste ese algo. Ser discípulos va primero y esta vez no vamos a esconder la cruz del discipulado, ni el negarnos a nosotros mismos. No estamos invitando a una fiestecita de cumpleaños, estamos invitando a seguir a Jesús, el rey de reyes y señor de señores, y el pide compromiso. Pero todo lo que el nos pide es suyo y todo lo que le demos nos lo ha dado ya multiplicado. Agustín de Hipona repetía a menudo el versículo de 1era Corintios 4:7, ¿y qué tenemos que no hayamos recibido de Dios?

Dios nos ha dado todo lo que se necesita para transformar las instituciones y las actitudes de esta nación. Vamos a construir una nación desde el púlpito y vamos empezar por casa. Este es el primer episodio en esa gran meta que Dios nos ha puesto por delante. Así que a caminar se ha dicho. La iglesia es peregrina y el peregrino camina hacia adelante. ¿Qué recursos tenemos para hacer la obra de Dios en el siglo XXI? Veamos…

lunes, 6 de septiembre de 2010

Influencias perniciosas de la cultura sobre la predicación


Señalamos aquí algunas actitudes e influencias culturales que tienen graves consecuencias teológicas sobre nuestra predicación. Esas actitudes destruyen la esencia de la espiritualidad bíblica, fundada en la libertad y la responsabilidad.
1. La definición defectuosa de la espiritualidad. Se cree que espiritualidad es aquello que nada tiene que ver con la materialidad. La definición correcta dice que espiritualidad es someter al control del Espíritu todas las áreas de la vida.

2. Preferir la prosperidad antes que la productividad. El materialismo, la superficialidad y el despilfarro son vicios culturales aprendidos y no señal de la bendición de Dios. El estilo de vida simple es una mejor forma de servir al señor y es la esencia tras la frase paulina “todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Nunca separemos la prosperidad de la productividad.

3. El movimiento misionero no enseñó responsabilidad cívica. A pesar de venir de una nación que tenía claras muchas ideas y resueltos muchos problemas (económicos y jurídicos), escogió limitar la ética de la conversión a unos pocos temas. Es que además su nación tenía una visión cívica frente a lo religioso, es decir, no sólo le pedimos a Dios el cambio sino que él nos declara responsable de efectuarlo. En el campo misionero promovieron una visión religiosa ante lo cívico: pidamos a Dios que el haga los cambios.

4. La interpretación incompleta de Lutero. Si podemos oponernos a la Iglesia por estar equivocada en su doctrina, por qué no oponernos al sistema de derecho sobre el cual esta asentada esa iglesia. Lutero se opuso a la Iglesia y al sistema jurídico sobre el que se asentaba, rechazando el derecho imperial y el derecho canonico.

5. La indiferencia a las responsabilidades locales. Los principales problemas que la sociedad tiene hoy se resuelven al nivel del poder local municipal: las pandillas, la inseguridad policial, el irrespeto al derecho ajeno. Es urgente poner el presidencialismo de cabeza, es decir, al servicio del pueblo y hacer valer la legislación que protege al ser humano. 

6. La esperanza en que los hombres buenos nos gobiernen. En donde los hombres gobiernan las leyes no gobiernan. Las leyes existen para hacer predecible la conducta, de otra manera impredecible, de los hombres.

7. El ímpetu de perfeccionar la sociedad a fuerza de leyes. Cuando las leyes son principios casuísticos (se proponen resolver casos que pueden ser infinitos), terminan por intervenir en la vida diaria de ciudadanos que hacen cosas que por su naturaleza no son políticas: comprar, vender, crear, contratar etc. Cuando la legislación invade esos espacios y condiciona los precios, las transacciones, las formas de contratación, termina por favorecer a unos y entorpecer la libertad de otros, entonces los ciudadanos le juegan la vuelta a la ley. Esa decadencia de la ley es la principal explicación de la violencia, el abuso y la generalizada insensibilidad jurídica e indiferencia social de nuestro país.

8. Confundir y separar los medios de la sociedad con los fines últimos de la vida. Se desdeña la productividad y se confunde con el consumismo; se explica el consumismo y el despilfarro como si fuese equivalente a “ciencias económicas.” La ética de trabajo es ética del manejo de medios que son escasos, y ello mismo nos es útil para servir a Dios en los fines últimos de la vida o ética de fines. Dios no solo quiere que seamos buenos (fines) también quiere que nos conduzcamos responsablemente administrando los recursos en el trabajo (medios). Nunca separemos la ética de medios de la ética de fines.

9. Concentrarnos en hacer y no en pensar. Bíblicamente debemos definir qué significa la libertad y la responsabilidad para entender qué nos corresponde hacer. Dios no sólo quiere que hagamos algo, cualquier cosa, Dios quiere que hagamos lo que es recto. Las ideas que nos conducen a hacer lo que es recto son el fundamento de una vida moral. Aclararnos cuales son esas ideas es importante, por eso dijo el pastor John Stott “creer es también pensar.”

10. El dualismo ante la vida. Algunos creen que hay actividades, actitudes, pecados etc., que son más importantes para Dios que otros. Al contrario, Dios nos propone una espiritualidad integral cuya meta es ser como Cristo (discípulos) para quien Dios era la primera y máxima realidad en todos los aspectos de la vida diaria.